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Según los cálculos de Imberton, entre todas las escenas representadas y las sorpresas el museo tiene alrededor de 4,000 miniaturas. Pueden ser más.
Son miles. Son pequeñas. Algunas aparecen en procesiones como el Santo Entierro. Otras caminan por el Parque Zoológico Nacional de San Salvador de 2000. Otras, por el parque central de Ilobasco, en el departamento de Cabañas. Se trata de las miniaturas en barro de Ilobasco que forman parte de la Sala de la Miniatura Dominga Herrera del Museo de Arte Popular.

“Examinando las cosas especiales de El Salvador, vimos que la miniatura era singular no solo en este país sino que también en Centroamérica”, explica Madeleine Imberton, vicepresidenta de la asociación Iniciativa Pro Arte Popular (INAR) y encargada de la administración del museo. Al hecho de la singularidad se sumó que tres de los socios fundadores, incluida Imberton, contaban con piezas de Dominga Herrera, “la iniciadora de las miniaturas”.

Esta exposición es con la que nació el museo en 2001. “La miniatura nos permitía llenar el espacio con dignidad”, expresa Imberton. Y es que la colección fue creciendo con el tiempo. Para la construcción de la muestra, el museo contó con la colaboración de 12 miniaturistas de Ilobasco.

Imberton explica que en ese entonces la investigación de carácter histórico y antropológico estuvo a cargo de Gregorio Bello Suazo, quien era el presidente de INAR en ese momento. Mientras, la parte artística, de formación y seguimiento a los artesanos estuvo a cargo de César Martí. A esto se sumó una museografía corta pero concreta. “Esto permite que el público se sorprenda de la belleza de lo pequeño”, agrega Imberton.

El resultado final del trabajo produjo escenas cotidianas, junto a propuestas innovadoras con la miniatura. Entonces entre las representaciones más costumbristas, como las procesiones o la molienda, se pueden encontrar también plasmados procesos como la migración: cinco sorpresas individuales en forma de huevo, pintadas con las banderas de los países que recorre el migrante salvadoreño hasta llegar a Estados Unidos; y, al destaparlas, cada una muestra un momento vivido en cada país.

Según Imberton, los miniaturistas quisieron crear piezas tan innovadoras como la recreación de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992 o una réplica exacta del zoológico, cuando todavía formaban parte de este Manyula y Alfredito.

“En la miniatura de Ilobasco es el hecho el que se vuelve una narración de la cotidianidad de los salvadoreños. Entonces, los miniaturistas se vuelven cronistas del pueblo”, afirma Imberton. Y es que por ello, en la entrada de esta sala permanente, puede leerse: “Lugar donde podrá conocer una historia muy grande contada de la manera más pequeña”.

Y, para complementar la muestra, la Sala de la Miniatura Dominga Herrera presenta también piezas en préstamo, que no son necesariamente figuras en miniatura pero sí están hechas en barro y se puede apreciar, cómo poco a poco, van disminuyendo en tamaño, así como también la manera en que han ido evolucionando.

El Museo de Arte Popular se encuentra ubicado en la avenida San José, n.º 125, colonia Centroamérica, San Salvador. Según la página web del museo, en este se exhiben diversas expresiones del arte popular salvadoreño, producto de prácticas populares tradicionales o de expresiones artísticas emergentes. El museo fue fundado por la asociación INAR, cuyo último presidente fue Rodolfo Molina (1959-2013).

Iniciadora

Dominga Herrera nació en 1911 en Ilobasco. Falleció en 1982. Fue reconocida por ser la creadora de las “sorpresas miniaturas”, figuras diminutas de cerámica que destacaron por su tamaño. Herrera elaboró su primera muñeca en miniatura –“tan alta como un alfiler”– en 1926.

El trabajo de Herrera le valió reconocimiento, incluso fuera de las fronteras de El Salvador. En 1944, su trabajo fue incluido en el National Geographic. En esa oportunidad, la prestigiosa revista envió a dos delegados al país, quienes destacaron su obra. Un ejemplar original de esa revista y otras publicaciones locales junto con instrumentos utilizados para este minucioso trabajo están en el museo.