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Hasta siempre. Benedicto XVI sale del balcón tras saludar a seguidores en la plaza de La Libertad de Castel Gandolfo.

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  • Hasta siempre. Benedicto XVI sale del balcón tras saludar a seguidores en la plaza de La Libertad de Castel Gandolfo.

  • Vuelo. El helicóptero papal llega a Ciudad del Vaticano para recoger al papa Benedicto XVI y llevarlo a Castel Gandolfo.

Hasta siempre. Benedicto XVI sale del balcón tras saludar a seguidores en la plaza de La Libertad de Castel Gandolfo.
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Benedicto XVI deja oficialmente su pontificado

El último mensaje en la red social Twitter
“Gracias por vuestro amor y cercanía. Que experimentéis siempre la alegría de tener a Cristo como el centro de vuestra vida”, fue el último mensaje publicado ayer en la cuenta de Twitter del papa Benedicto XVI, @pontifex, pocos minutos antes de abandonar el Vaticano en helicóptero.
“Soy simplemente un peregrino que inicia el último tramo de su peregrinación en esta tierra.”
“Entre ustedes está el futuro papa
a quien hoy prometo mi reverencia y obediencia incondicionales.”
Benedicto XVI, en los últimos dos actos de su pontificado, primero con los cardenales y luego a su llegada a su residencia temporal en Castel Gandolfo
En cuanto comenzaron a sonar las campanas, los integrantes de la Guardia Suiza, que permanecían en posición de firmes en la residencia veraniega de Castel Gandolfo, cerraron los gruesos portones de madera del “palazzo” poco después de las ocho de la noche (hora local). Así, se cerró también de manera simbólica un pontificado cuyo final, con una renuncia y no con la muerte, será también parte de su legado.

Benedicto, quien pasará los primeros dos meses de su retiro entre los muros del palacio, puso fin a ocho años de reinado caracterizados por sus esfuerzos para dejar atrás los escándalos y dar nuevo vigor al cristianismo en un mundo indiferente, labores que quedarán en manos de su sucesor.

Por el momento, el gobierno de la Iglesia queda a cargo del camarlengo, cardenal Tarcisio Bertone, y sus colegas del Sacro Colegio, quienes deberán planificar el cónclave encargado de elegir al 266.º líder de los 1,200 millones de católicos.

Una de las primeras tareas de Bertone será cerrar con candado el apartamento papal en el Vaticano. Otra, llena de simbolismo, será asegurar la destrucción del anillo y el sello de Benedicto.

En el último día de Benedicto reinaban estados de ánimo muy distintos en el Vaticano y Castel Gandolfo. En la sede papal, el personal despidió al pontífice entre lágrimas, en escenas de gran solemnidad.

Otro era el clima en la localidad rural de Castel Gandolfo, donde la gente que abarrotó la plaza principal gritaba “¡viva el papa!”, y agitaba las banderas blancas y amarillas de la Santa Sede.

“Soy simplemente un peregrino que inicia el último tramo de su peregrinación en esta tierra”, dijo Benedicto, en sus últimas palabras en público como papa.

Fue un final de notable simetría con el inicio, el 19 de abril de 2005, cuando el flamante papa Benedicto XVI dijo desde la logia sobre la Plaza de San Pedro que él era “simplemente un obrero de la viña del Señor”.

A lo largo de ocho años, Benedicto trató de imponer a la Iglesia un rumbo tradicionalista, convencido de que los males como los abusos sexuales, la falta de vocaciones sacerdotales y las iglesias semidesiertas eran productos de una mala interpretación de las reformas del Concilio Vaticano II.

Su sucesor previsiblemente seguirá por ese camino, ya que la abrumadora mayoría de los 115 cardenales encargados de elegir al nuevo papa fueron designados por el propio Benedicto y son tan conservadores como él.

La última jornada de Benedicto como papa comenzó con una audiencia matutina con sus cardenales, en la que intentó apaciguar los temores sobre su futuro papel y los conflictos que pudiera generar el hecho inédito de tener un papa reinante y un papa jubilado conviviendo dentro de los muros del Vaticano.

“Entre ustedes está el futuro papa, a quien hoy prometo mi reverencia y obediencia incondicionales”, dijo Benedicto a los cardenales.

La decisión del papa, que incluye retirarse a vivir en el Vaticano, ser llamado “papa emérito” y “su santidad” y vestir la sotana blanca asociada con el papado, ha profundizado las preocupaciones sobre la sombra que pudiera proyectar sobre el próximo pontífice.

Pero Benedicto XVI ha tratado de aliviar esas preocupaciones durante las últimas dos semanas, expresando que una vez retirado estaría “oculto del mundo” y llevaría una vida de oración.

También emitió varias instrucciones finales a los “príncipes” de la Iglesia que escogerán a su sucesor.