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Papeles y firmas
El desorden de nuestro país se expresa en todos los niveles posibles. La distribución de la riqueza, del espacio territorial, el comercio informal y el mismo aparato de gobierno son solo ejemplos del mal funcionamiento y desorganización en el que se mueve la sociedad.  Pero esta situación vertiginosa toma un tinte diferente si lo vemos desde los ojos de centenares de miles de salvadoreños que solo pueden asegurar su nacionalidad por medio de su palabra y no por la vía legal. Es preocupante la cantidad de personas que vaga sin poseer las garantías constitucionales estipuladas para un ciudadano o ciudadana promedio, que a fin de cuentas no se cumplen pero al menos aseguran servicios básicos, como salud, educación, empleo e, lo más fundamental, identidad.  Como lo refleja el reportaje de Ronald Portillo, en la mayoría de ocasiones el problema es generacional y se extiende longitudinalmente a medida pasan los años. Sin embargo, el tiempo solo ha sido un pretexto para no tomar responsabilidades, sobre todo cuando hay menores de por medio. Por otro lado, la incapacidad de instituciones públicas para legalizar a toda esta población prácticamente inexistente solo viene a confirmar el interés efímero que se tiene en dicho tema. Esta problemática no solo es una simple cuestión de papeleo y firmas. Es una violación clara al derecho de identidad, de nacionalidad y reconocimiento de los derechos humanos más básicos, por lo tanto, merecen ser incorporados a la sociedad lo antes posible.
 
Gerardo Martínez
gerardo_dj73@hotmail.com
  Paisanos invisibles
Crispa los ánimos la lectura del reportaje de Ronald Portillo que trata sobre la carente legalidad de más de medio millón de compatriotas por falta de documentos de identificación, algo inaudito pero real. Son salvadoreños “arrimados” porque residen en este terruño pero sin un respaldo probatorio de su nacionalidad. El caso no es nuevo. En los sucesos de 1932 y durante el conflicto armado en muchas alcaldías fueron destruidos los archivos del registro civil, hoy Registro de Estado Familiar, de esos hechos para nuestros días han desfilado décadas y parece que la displicencia se ha enseñoreado en los que han tenido la competencia para resarcir esa penuria humana; por eso, los infortunados indocumentados en su propio país han sido limitados en sus derechos y amputados para realizar transacciones  legales. La Procuraduría y el Juzgado de Familia son los entes llamados a socorrer a estos hermanos sin  papeles, aunque los notarios también lo pueden hacer, solo que los gastos son onerosos y no falta quien los engañe. Los documentos son asequibles, pero los trámites además de engorrosos, por las pruebas testimoniales, son costosos para la condición económica de los afectados. Con la continuación de las “ferias de identidad” y la vigencia de un decreto transitorio, como el que ya se tuvo en la posguerra, parece que se diera luz verde a esa población flotante y desprotegida. ¿Cuándo empezamos respetables huéspedes de la Asamblea Legislativa?  
Julio Roberto Magaña Salinas 
jrobertomasa@hotmail.com
 
Alguien del cantón Labranza
Leí su último artículo, “Los hijos invisibles”. Y es terrible la situación de mis hermanos salvadoreños. No tener identidad equivale a no existir. Jamás pensé que en mi querido cantón Labranza, de Sociedad, en Morazán, pasaran estas cosas. Todos debemos ayudar, pero señores del Gobierno: ¿Por qué no ayudan a nuestra gente en vez de gastar millones de dólares en cosas de menor importancia? 
René Ernesto Blanco Andrade 
Vía Facebook
 
 
Lo lógico
No hay un programa gubernamental para ayudar a esta gente tan nuestra (pero indocumentada), pero sí hay abundancia para otras cosas innecesarias. ¿Es esto lógico y humano?
  Carmen Alemán
carmen44aleman@yahoo.com
 
 
Para César Castro Fagoaga: 
Me pareció muy buena la columna de César Castro “Mentalidad de n.º 1”, sobre todo cuando el n.º 1 del Vaticano descarta que la mula y el buey hayan estado presentes en el nacimiento de Jesús. Sobre ello sostiene que hubiese sido más fructífero el haberse pronunciado “por los bombardeos de Gaza”, ¡Magnífico! Sin embargo, al examinar la postura del n.º 1 salvadoreño con respecto a la inauguración del bulevar Romero solo toca, lo que para él es lo de menos, su nueva denominación, donde el n.º 1 hizo notar su autoritaria decisión y soslayó lo esencial para la mayoría de lectores de Séptimo Sentido, la tremenda corrupción que impidió la construcción de la obra en su debido tiempo y según el presupuesto original. 
José Carlos Sibrián
carsibri@hotmail.com