Más de dos dígitos anualmente durante más de una década. Poco a poco vimos cómo fueron formando un sistema propio, con un solo partido político, pero con las reformas económicas capitalistas más salvajes. Así, han surgido muchos millonarios en los últimos años y las compañías de autos de lujo se pelean para estar en lo que se ha convertido en el primer mercado mundial de vehículos.

En Centroamérica, hemos visto cómo los costarricenses rompieron con sus tradicionales aliados taiwaneses y reconocieron a la República Popular China. A cambio recibieron un moderno (a veces con fallas, sí, ¿cómo negarlo?) estadio: diplomacia basada en la oferta y la demanda, al más puro libre mercado.

Los que parecían más proclives a abjurar del gobierno de Taipéi, en cambio, son sus grandes socios. Daniel Ortega, al mando del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, aunque para muchos no sea más que el creador del “orteguismo”), recibe ayuda y cooperación taiwanesa, a cambio de las grandes inversiones de empresarios privados, a través de la maquila y otros rubros.

Aquí no estamos en el terreno de las ideas, sino en el de los intereses. Prueba de ellos son los amigos de Ortega. Por un lado, históricamente, el FMLN. Por otro, Antonio Saca, a quien el comandante Daniel recibe con mucha pompa y lo sienta a su lado en las reuniones con los inversionistas, nicaragüenses o extranjeros.

Esta semana vimos a Saca al frente de un acto público, organizado por un tal “Espacio Ciudadano”, un “movimiento cívico” surgido coyunturalmente –¿o será ad hoc?–, a propósito de la virtual candidatura presidencial del exmandatario expulsado de ARENA.

Saca dijo, ante preguntas de periodistas, que no dejan de pensar en la camaradería de Saca y el Gobierno actual (dijo que continuará con los programas sociales del presidente Mauricio Funes y este último dijo, cuando se le preguntó por la candidatura de Saca, que había elegido la mejor manera de hacerlo, con un movimiento ciudadano, como él lo hizo en 2008), que no tenía nada de malo la inversión de Alba Petróleos.

Luego, aclaró un poco más su posición: no está en contra de una inversión extranjera, o nacional, siempre y cuando sea en el marco legal salvadoreño y no sea en beneficio directo de un partido político.

La estrella blanca de Alba Petróleos, sobre un fondo rojo, nos da una concreta pista de quién es su beneficiario, al igual que la empresa esté, nominalmente, a cargo de un alcalde del FMLN y en su directiva, al igual que en la de otras empresas de este conglomerado, estén dirigentes farabundistas.

¿Será que adoptaron finalmente el capitalismo chino? ¿O es una receta más regionalizada, con Ortega como modelo? Lo cierto es que vemos cómo, poco a poco, copan las instituciones del Estado (ganaron la Presidencia de la República –aunque el Gobierno no lo controlen totalmente–, dirigen la Asamblea Legislativa, el TSE y el Tribunal de Ética, además de la CSJ, y algunos sueñan con que incluso puedan dirigir el Sistema de Integración Centroamericana –SICA–, así como están al frente del PARLACEN).

Para la ANEP, esta concentración de poder político está al servicio de consolidar su poder económico, el que, a su vez, tiene como fin último el poder político total. Ahí sí estaríamos ante el capitalismo chino. Y ojalá que entonces, como allá, no vean los derechos ciudadanos como algo prescindible.