Además de la educación formal de la escuela, el ambiente ideal para formar a la niña es un estilo educativo integrador o con la autoridad adecuada, en el cual los padres e hijos tratan de seguir pautas educativas fundamentadas en la participación y el diálogo. Los expertos señalan que los papás deberían ejercer un control firme, consistente y razonado, pero matizado con el respeto a los deberes y derechos de las jovencitas, para que puedan esperar de ellas reciprocidad, es decir, igual respeto a la autoridad, deberes y derechos paternos. (Profesora Sonia Rivas, “Educación familiar en la infancia”.)

Esta coparentalidad necesita esfuerzos de consenso y coherencia entre los padres en temas importantes y la no desautorización mutua.

Aconseja también la profesora Rivas poner énfasis en la comunicación familiar, de tal forma que se pueda utilizar la “educación familiar mediatizada”: uso de todo el lenguaje no verbal, para utilizar como herramienta de comunicación el silencio, la palabra, el diálogo (con respeto y libertad), con la mirada, con refuerzos positivos, con el ejemplo (con sus coordenadas: autoridad-afectividad; sobreprotección-exigencia; respeto-coherencia).

Un hogar lleno de confianza y trato informal no está reñido con el comportamiento coherente de parte de los papás en las directrices que dan a sus retoños, ya que este ambiente favorece la educación de la libertad y la responsabilidad de la niña.

En cuanto a la educación sexual y afectiva, es más beneficioso para la autoestima de la niña ir más allá de solo buscar el máximo placer sin restricciones, como si la sexualidad fuera un instinto tan imparable e irracional que afirmaríamos que reprimirla o limitarla sería dañino en la joven que quiera experimentarlo. Con este marco teórico, ya estaría sustentada la campaña para promover el “sexo seguro” desde la niñez y adolescencia (determinada por organismos internacionales desde los 10 años), independientemente de los grandes riesgos que conlleva el inicio temprano de relaciones sexuales.

Es benéfico recordar que algunas verdades evidentes sobre una actitud sexual sana en la niña le permite autodominarse (esperarse) o abstenerse (guardarse) cuando quiera y con quien quiera.

La sexualidad humana es un hecho revestido de dignidad. El error está en afirmar que es normal darle satisfacción inmediata al impulso sexual. Esto no es cierto desde cualquier punto de vista. La satisfacción de todos nuestros deseos lleva consigo enfermedad, celos, mentiras y farsa: todo lo contrario de salud, buen humor y normalidad.

Platicar comiendo ayuda a conocer y respetar la personalidad de cada integrante y promueve el diálogo entre padres e hijos. Es durante las tertulias que las empoderamos a que puedan “decir que no” a quien le pida entregarse o denunciar intentos de abuso sexual. Recientes estudios señalan que comer al menos cinco veces a las semana en familia ayuda a formar el carácter de los hijos e hijas. Finalmente, el ejemplo de los padres con relación al trato piadoso con Dios es la forma más efectiva de educarlas en la fe.