Mientras los chinos comienzan a debatir cómo combatir la corrupción, en El Salvador vamos camino a aumentarla y pareciera que está llegando a tal nivel que se comienza a hablar de “corrupción institucional”.
No es para menos, la corrupción es uno los principales motivos de descontento y causa de numerosas protestas. Hu Jintao ha denunciado la corrupción desde el Congreso de 2002, pero poco ha cambiado. Ahora están sumidos en el mayor escándalo político desde las manifestaciones de la plaza Tiananmen en 1989. Bo Xilai, exsecretario del PCCh en la municipalidad de Chongqing, está en juicio por abuso de poder, corrupción y ser sospechoso de intentar ocultar el asesinato de un británico por parte de su esposa.

Este es el costo de ostentar el poder total y el relevo de dirigentes va acompañado con el temor de que este mal social termine por acabar con el partido, pero peor aún con la caída del Estado. Mientras los chinos comienzan a debatir cómo combatir la corrupción, en El Salvador vamos camino a aumentarla y pareciera que está llegando a tal nivel que se comienza a hablar de “corrupción institucional”.

Que un diputado vote distinto a su partido no es nuevo, como tampoco lo es que cambie de partido. Pero todo tiene su límite, más aún cuando hay situaciones que ameritan una duda razonable. Nadie criticaría si el voto se diferencia por razones de conciencia fincada en valores o creencias religiosas, como en temas del aborto, pena de muerte, lectura de la Biblia en las escuelas o de matrimonios entre personas del mismo sexo. Tampoco nadie criticaría si el partido a que uno pertenece se desvía de los principios que sustenta y eso entra en choque con la forma de pensar que “yo tengo desde siempre”.

Pero nadie puede pensar que en seis meses haya habido cambios tan radicales en un partido como para cambiar, olvidando que sin ese partido nunca habría sido electo. Esta es una clara traición a la voluntad de sus votantes y un balde de mugre a la democracia. Por eso es que una parlamentaria los llamó “judas”, sinónimo de traición, de venta por una bolsa de monedas, donde las excusas son como el beso de Judas.

Por eso no es de extrañar que cuando hace unos 15 días se solicitaba más espacio para los diputados de ARENA, que debían compartir algunas oficinas, un diputado del FMLN les dijo a los directivos que para qué se preocupan tanto de más espacio, cuando ya pronto se les iban a ir cinco parlamentarios. ¿Cómo lo sabía de antemano?

Otra cosa extraña es que los que han cambiado de posición tienen características muy peculiares. Hacia ellos no son desconocidos los señalamientos de vida privada disipada a pesar de los años, de juicios por violación de mujeres, de dificultades financieras, entre otros. Además, ninguno se caracteriza por sus grandes aportes legislativos y menos intelectuales, como que ninguno de ellos pasaría un examen elemental sobre el presupuesto general de la nación. Nunca participaron activamente en su estudio, pero dan razones para votar a favor de su aprobación.

La Fiscalía General de la República tiene en sus manos suficientes evidencias para iniciar una investigación. Pero todo dependerá del fiscal, que, si es elegido por el bloque más estos diputados que cambiaron sus votos, no tendrá la fuerza moral ni la independencia para llegar hasta el final. Por eso, mientras China lo ha comprendido y está dispuesta a luchar contra la corrupción del poder total, ¿en El Salvador estaremos a favor? El tiempo lo dirá.