Ya no se concibe la universidad como una simple academia transmisora de conocimientos y formación de nuevos profesionales. Las universidades europeas se han planteado una tercera misión de cara al siglo XXI: investigación, desarrollo e innovación.

Esto inició en las universidades anglosajonas con Gibbons, Slaughter y Leslie quienes lo plantearon en los años noventa y fue aceptado por la Unión Europea pues responde a la demanda social del presente siglo. La universidad debe hacer frente a los retos que tiene con la sociedad, compromiso ineludible de no solamente ser una institución académica, sino también un agente socio-económico que permita a través de la investigación y la innovación el progreso y el bienestar.

La Organización Mundial del Comercio concluye que se debe liberalizar la educación universitaria como servicio, lo cual quitaría la función social que ejerce. En contraposición la UNESCO en su convención de 1997 lo rechazó. Así nos enfrentamos a dos corrientes de pensamiento: una donde el conocimiento global estará concentrado en círculos de poder y otra en donde el conocimiento beneficiará a las grandes mayorías en cuanto a su bienestar, progreso y desarrollo.

Ante esto la institución universitaria actual no debe menos que reaccionar y replantearse su rol ante la realidad que afronta. En particular, quiero referirme al nuevo impulso que la Universidad Francisco Gavidia ha dado a la investigación como eje del desarrollo y se trata de la creación del Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación que desde la visión del Sr. rector Dr. H. C. Mario Ruiz le apuesta a convertir a este centro de estudios en generador de propuestas innovadoras al desarrollo. Al frente de este instituto está el Dr. Óscar Picardo Joao.

Por otra parte, es necesario resaltar lo hecho hasta hoy por esta institución con investigaciones relevantes como “Desigualdad salarial y rendimientos de la Educación en El Salvador” realizada por el Dr. Elner Crespín, “Diseño y construcción de un entrenador electrónico para la enseñanza de la Lógica, Física, automatización y robótica en niños de educación básica” una innovación propuesta por el ingeniero Víctor Cuchillac y otro proyecto innovador a cargo de la maestra Claudia Leiva: “Subproductos generados en el proceso de producción de biodiesel a partir del aceite de tempate”. Todos estos y otros no menos relevantes trabajos muestran la gran importancia de la investigación científica para llevar a nuestra sociedad hacia al desarrollo.

Es evidente el énfasis que ha hecho el actual Gobierno al crear el Viceministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, el cual se dirige a generar la política nacional de innovación, ciencia y tecnología orientada a producir conocimiento aplicado como fuente para la innovación. Hace falta la incorporación del sector productivo empresarial al que también le afecta ya que podría ser una fuente de producción de las innovaciones propuestas desde la academia y receptores de las transferencias tecnológicas.

Por su lado las universidades necesitan elevar el nivel de sus académicos y desarrollar científicos a nivel de doctorado. La apuesta está trazada a los tres entes: universidad, Estado y sector productivo quienes deberán ir de la mano hacia el desarrollo para el bienestar social.