Jamás conocí al señor presidente de Venezuela, más que por medio de sus discursos y noticias mundiales; sé que enarbolaba los ideales de Simón Bolívar, que con humildad los comparo con los de Francisco Morazán y Gerardo Barrios, esto es, una América Latina fuerte y unida, pero jamás obligada a aceptar un solo ideal, ni subyugada a nuevos preceptos, que dicho sea de paso, son otro tipo de esclavismo o de romanismo.

También sé que bajo sus alas se han cubierto muchos países, con los que ha compartido el pueblo venezolano su riqueza negra; pero ¿cuál es el legado del señor presidente venezolano Hugo Chávez? El señor presidente Hugo Chávez deja un destello de entusiasmo latinoamericano conjugado con las mejores intenciones de unir a los pueblos, que aun cuando hablamos el mismo idioma, en principio, somos incapaces, en muchas ocasiones, de comunicarnos sin insultarnos; deja a su país con la política tallada en las urnas, por lo tanto no podemos ni debemos opinar sobre el pueblo venezolano, porque sería irrespetuoso para su soberanía, pero sí podemos decir que nuestro pesar se une al de ellos. La historia determinará cuán grande o equivocado estaba el presidente Chávez Farías.

Como salvadoreño me cabe la pregunta: ¿Qué pasará con la oferta política en nuestro país? ¿Quién validará la ayuda franca al socialismo chavista de Latinoamérica? ¿Será posible que los políticos salvadoreños se den cuenta de que El Salvador no es Venezuela? En El Salvador ¿habrá un Red Dawn, que no sea película?

Lo cierto es que para contestar las preguntas anteriores se tiene que concienciar todos aquellos que en vida apoyaron al señor presidente Chávez Farías, concienciar que ahora están solos ante la palestra política y social de El Salvador, sin Chávez.

No es hora de burla o de regocijo ante el luto, hay que respetar la obra del que de una u otra forma sacudió a esta América Latina, permitiendo que se levantara, que se acuñara la verdadera “América para los americanos” y ¿por qué no decirlo? “América para los latinoamericanos”.

Es hora de dejar que las norias de la historia vuelvan a llevar agua de sabiduría a las mentes de los jóvenes del mañana y adultos del presente; para que cada país forje su propio sueño, que al final converja en la América de los latinoamericanos.

Políticos: un líder ha muerto. Como lo hicieron Simón Bolívar, Francisco Morazán y Gerardo Barrios, sus pensamientos han sido molinos de viento que combatieron a los Quijotes y que bien o mal han demostrado que proponiendo y uniendo a un pueblo se puede buscar un mañana de unión y nación.

Políticos salvadoreños: es hora de que las verdaderas ideologías nazcan de sus pensamientos nacionales, ya sean malas, mediocres, buenas o absurdas.

Créanme que los absurdos son los más felices del mundo, porque un absurdo oyó las ondas del sonido, un absurdo partió un átomo y un absurdo creyó que con su ejemplo se uniría al mundo, y después de más de 2,000 años de su muerte aún creemos en Él y peleamos por su amor. ¡Descanse en paz, presidente Hugo Chávez!

Seamos buenos aunque sea por negocio.