El hecho de que el voto de ella pudiera completar la votación de dos tercios en la Asamblea ha alborotado los ambientes. Sabiamente, LA PRENSA GRÁFICA ha recordado que el transfuguismo que en el pasado se veía como normal, cuando correspondía a militantes del FMLN, ahora se contempla como tragedia nacional. Evidentemente, este cambio de actitud hace recordar los malos versos de Campoamor sobre el “mundo traidor” en el que “todo es según el color –del cristal con que se mira”. Sin embargo, este tipo de noticias contribuyen a aclararnos la superficialidad con la que con frecuencia miramos a nuestro país. Los intereses particulares ocultan y ofuscan intereses generales. Y así, las noticias son más espectaculares cuanto más tocan la superficie, muchas veces insustancial, de nuestro país.

Que un diputado de cualquier bancada se cambie de partido no debía llamar la atención. Al fin y al cabo, la mayoría de nuestros diputados, no todos, tienen bajos niveles de compromiso con el país. Votan automáticamente según sean los intereses de sus cúpulas partidarias. En sus discursos rara vez aparecen conceptualizaciones serias de la problemática de nuestro país. Pertenecen a una clase social privilegiada que se da el lujo de legislar en su favor ingresos 38 veces superiores a lo que consideran el salario mínimo legal, no legítimo, en el campo. Y si tienen contradicciones entre ellos, es las más de las veces por cuestiones de poder y de intereses propios de sus colores. El interés nacional se ignora, como lo demuestra la ausencia de debate en temas como la universalización de la educación secundaria, de las pensiones, o la unificación de los dos sistemas públicos de salud que hasta el momento parecen más vinculados a un sistema de castas que a un sistema moderno, solidario y universal de salud pública.

Cuando se critica a los diputados, surgen casi inmediatamente las voces que dicen que en la sociedad civil hay una especie de enfermedad llamada “antipolítica”. Una vez más, nuestros pobres diputados se aferran a conceptos acuñados fuera de nuestro país, sin preocuparse demasiado de analizar la verdad de lo que se les dice. Aunque esta pobreza intelectual no es exclusiva de ellos. Los analistas que se rasgan las vestiduras diciendo que el voto 56 de la diputada marca un terrible avance hacia la pérdida de libertades caen con frecuencia en un ridículo todavía mayor. Casi igual como el de aquel “cerebrito” que para defender la libertad existente en El Salvador nos decía que aquí somos libres porque nuestros ciudadanos pueden emigrar a Estados Unidos mientras que en Cuba no. Sin darse cuenta, o cerrando los ojos ante ello, que la migración en El Salvador es un acto forzado al que se ve sometida una buena parte de nuestra población precisamente por la incapacidad de los políticos de plantearse un país más solidario, con mayores niveles educativos y con creciente cohesión social y paz ciudadana. Entrar en la realidad de nuestro país y dejar como folclor los pleitos de perros y gatos característicos de nuestros políticos nos brindaría mejores posibilidades de futuro. Sobre todo si desentendiéndonos de su folclor, les presionamos a todos ellos en favor de transformaciones estructurales serias en el campo de la educación, la salud, el acceso al agua, las pensiones, la vivienda, el salario digno y la preparación preventiva de los desastres que se avecinan con el calentamiento global.