Por años y años hemos sido víctimas de lo mismo. No es primera vez que un motorista de buses agrede a alguien a propósito.

Solo piénselo en este momento o póngalo en práctica la próxima vez que esté en la calle, ¿cuántas situaciones de riesgo causadas por el transporte público puede contar en el lapso de una hora? No importa si es pasajero de la unidad o un civil en la acera, o si usted va manejando su vehículo. Solo cuéntelas.

Ya estamos acostumbrados a vivir el tráfico vehicular como un videojuego y hemos llegado a puntos extremos. Nos falta definir, ahora, quién es el bueno, el malo y cuál es la misión que vamos a cumplir en la calle. Esperemos no ser nosotros un punto más para la misión de homicidio agravado con autobús.

No es justo que sigamos patrocinando este tipo de atrocidades con impuestos que vienen del fondo de nuestro trabajo.

Ya llegamos al acuerdo de un “servicio preferencial”, que... considero, yo... no está dando mucho resultado, pues las imágenes hablan por sí solas. Ya llegamos al acuerdo de una carnetización con entrenamiento previo para generar una cultura de conducción defensiva, y las imágenes siguen hablando demás.

Quiérase o no, el transporte público es una empresa privada y los motoristas son el último canal que los representa como tal. Esta, como cualquier otra empresa, debería asegurarse de un reclutamiento de motoristas que no esté empeñado en hacer pasar a la empresa por este tipo de situaciones.

Considero, yo... que al menos la línea a la que pertenece este motorista dé la cara y se haga responsable de las acciones que su representante (conductor) tomó.

Considero, también, que el Viceministerio de Transporte debería establecer reglas drásticas que obliguen a las empresas a reclutar conductores, no a jugadores virtuales de máquinas con grandes neumáticos... y que aparte transportan gente.

Estas reglas deberían estar basadas en el mérito a ganarse el tan preciado subsidio que a todos nos cuesta y que los transportistas tanto exigen. Talvez de esa manera, empezamos a ver el trato preferencial, la cultura de conducción, y dejamos de ser extorsionados por impuestos dirigidos a la protección de las víctimas que genera este medio, como el FONAT, si se aprueba.

¿Será que es necesaria otra víctima más para que se hagan propuestas verdaderamente interesantes por parte de las entidades del transporte y sus reguladoras? Quizá iniciamos, mejor, por esperanzarnos a que si algo así nos pasa, el FONAT le dará $2,000 a nuestra familia. Aunque... considero, yo... es ridículo.

Aquí, como dice el dicho, estamos pagando todos “justos por pecadores”. Unos se tienen que aguantar porque el que tiene el carro más grande pasa, otros porque no hay otra opción más que pagar el bus y otros porque no tienen la oportunidad de decir que estamos hartos de este tipo de situaciones.

Finalmente lo vuelvo a decir... considero, yo... que somos más los pecadores que pedimos justicia, que los justos que andan manejando en la calle.