El Salvador - Agosto 19, 2017

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Resistir en comunidad aunque resuene el caos

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Motivación. Edwin Barrera prepara y entrega a sus alumnos pinceles, hojas y lápices para iniciar sus clases de pintura.

Forman parte del equipo de prevención comunitario “Unidos por la paz ”, que tiene la finalidad de ayudar en valores a niños y a jóvenes de la comunidad Bolívar.

12 de Agosto de 2017 a la(s) 0:0 / Nora Moreno

Hablar de comunidades en riesgo, en ocasiones, es sinónimo de problemas, de pocas o nulas posibilidades de salir adelante y de ambientes que pueden generar angustia y miedo. Pero siempre existen las excepciones, tal es el caso de la comunidad Bolívar, en los alrededores de la conocida comunidad La Chacra, al sur de San Salvador. Un grupo de jóvenes busca cambiar esta realidad. Apoyándose en su deseo de progresar como personas y ayudar a otros con este mismo objetivo, se unieron al comité juvenil de la comunidad Bolívar “Unidos por la paz”, desde donde se encargan de organizar y llevar a cabo programas de sana convivencia, talleres de dibujo y pintura para niños, escuelas de fútbol, proyectos de valores y actividades de rescate del medio ambiente.

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Pero ¿cómo se logra esto? Con esfuerzo, determinación y tener claro el objetivo de ayudar a que El Salvador y sus niños salgan adelante, a pesar de las adversidades. Este es el pensamiento de Edwin Barrera, de 21 años, quien, con mucho esfuerzo, logró obtener su bachillerato en el complejo educativo católico Fe y Alegría. Su deseo por apoyar a la niñez y a los diversos proyectos surgió cuando escuchó sobre los programas de prevención de violencia que se realizan en diferentes comunidades en riesgo con ayuda del Instituto Nacional de la Juventud (INJUVE). “Comencé a ir a capacitaciones, asistí a diferentes talleres y llegué al programa Actívate. De ahí comencé a formar parte de reuniones en las juntas directivas y en las mesas de prevención de violencia, y ahora me siento orgulloso porque sé que los jóvenes somos la voz de la comunidad y que estoy enseñando algo que les servirá para poder desarrollar sus habilidades”, enfatizó.

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Sus conocimientos le han servido para ayudar a un grupo de entre 15 y 25 niños y jóvenes, a quienes les enseña técnicas de acuarela y dibujo tres días a la semana. Él se siente orgulloso al saber que otros niños y jóvenes de su comunidad no están involucrados en problemas sociales gracias a que utilizan su tiempo para aprender y desarrollarse artística y culturalmente, aunque donde viven su realidad sea otra. “Muchas veces nos ha tocado ver que estamos realizando los talleres o clases y en los alrededores de la casa comunal hay confrontaciones entre grupos violentos y los niños no pueden venir a recibir las clases”, enfatizó.


A pesar de esto, Edwin todos los días pone mucho empeño e ingenio en lo que hace, ayuda en casa y es un joven muy positivo. Sus alumnos se sienten felices de recibir sus clases y de compartir experiencias y aprendizaje junto a él. “Me gusta venir a aprender; me ayuda a tener más claro lo que quiero para mi vida; además, me aleja de situaciones negativas”, expresó Ángel Reyes, de 13 años, uno de sus alumnos.

En su esfuerzo, Edwin no olvida su sueño personal de estudiar gastronomía. “Siempre me ha gustado cocinar y no dejo de pensar en poderlo hacer; no tuve los recursos para estudiar en esa área. En un futuro quisiera tener un buen trabajo para seguir apoyando a mi comunidad y al mismo tiempo hacer lo que me gusta”, finalizó.

Voluntarios con pasión

Stefhanie Liseth Campos, de 23 años, y Héctor Alexánder López, de 21, son también parte del voluntariado que trabaja en este mismo proyecto juvenil. Sus historias tienen un punto en común: son jóvenes que brindan ayuda y orientación a otros en tareas como charlas de convivencia, rescate de medio ambiente y formaciones de liderazgo. “Yo me siento satisfecha en apoyar a la comunidad en la cual yo vivo. Me he dado cuenta de que sí puedo ser un agente de cambio y ayudar a que se den cuenta las demás personas de que pueden cambiar su realidad a través de sus acciones”, mencionó.

Por su parte, Héctor López es estudiante de Mercadeo y combina su tiempo en la universidad con el trabajo comunitario. Él es el encargado de las actividades deportivas los fines de semana. “Enseñamos fútbol a los niños de la comunidad Bolívar. Lo que queremos es que a través del deporte se fomente la sana convivencia y la no violencia”, dijo. Para estos jóvenes, el ayudar a otros se ha convertido en una filosofía de vida. Ellos comentaron que hace un año comenzaron a formar parte del INJUVE y no pensaron en que iban a tener la oportunidad de colaborar de esta manera. “Yo pensé que solo iba a pintar paredes y a hacer murales. Nunca me imaginé que iba a servir de ejemplo para otros”, finalizó López.
 
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