Estas dos anécdotas, más bien humorísticas, pueden ilustrar de alguna manera la idea que se expone en el título de esta columna.

Hubo un momento en el que la dirigencia del FMLN, cegada por el acceso al poder, desnaturalizó su rumbo estratégico. Entonces cometió una serie de groseros errores políticos, como realizar una purga interna masiva, en su lado izquierdo, a fin de imponer dirigentes y candidatos, y al mismo tiempo atentó contra la institucionalidad democrática y se enfrentó por ello a la sociedad civil, perdiendo valiosos aliados tradicionales.

Esa dirigencia pasó a ser conocida despectivamente como “la cúpula”, enteramente igual a su similar en el partido ARENA. Fue en ese contexto que dijimos en esta columna que esa cúpula había ganado el poder, pero de inmediato lo había perdido todo, hasta el prestigio. Esos despropósitos tuvieron su consecuencia en las elecciones intermedias de 2012, cuando el FMLN fue castigado por sus propios militantes y simpatizantes.

Para colmo, esa cúpula impuso como su candidato presidencial a un venerable señor con una carga de opiniones negativas prácticamente insuperable, y tan opaco como el otro venerable señor designado por la cúpula arenera. Pero se deben reconocer las realidades, más allá de si nos gustan o nos convienen, y el hecho es que ese momento difícil está siendo superado sobre la base de tres movimientos tácticos en la estrategia electoral del FMLN.

Uno, la operación ALBA está multiplicando el número de sus beneficiarios, y convirtiéndolos en segura clientela electoral del FMLN. Dos, Salvador Sánchez Cerén ha asumido un discurso que reconoce autocríticamente los errores cometidos por la cúpula roja, promete enmiendas e intenta con ello recuperar el respaldo de los sectores de izquierda que habían sido marginados. Tres, la inclusión de Óscar Ortiz en la fórmula le permite tender de nuevo los puentes hacia la sociedad civil y en general hacia los sectores moderados.

De esta manera, el FMLN ha venido de atrás hacia adelante, mientras ARENA, que va de crisis en crisis, sigue moviéndose de adelante hacia atrás. Por el momento, según las encuestas, ambos partidos se encuentran ya en la zona del empate técnico, aunque con una leve ventaja para el FMLN. El problema es que todas las señales indican consolidación en el FMLN y, por el contrario, continuación y profundización de la crisis interna arenera.

Así las cosas, y aún con un candidato tan impopular, el FMLN como partido tiene buenas posibilidades de ganar las próximas elecciones presidenciales, y de completar su proyecto de integrar a nuestro país al bloque ideológico del socialismo del siglo XXI. Lo único que a estas alturas puede reconfigurar el escenario es la emergencia de una tercera opción centrista bajo el liderazgo del expresidente Tony Saca.

Pero algunos sectores radicales de la derecha son tan miopes que se obstinan en torpedear esa posibilidad, lo que equivaldría a servirle en bandeja la victoria a sus similares de izquierda. En ese caso, serían esos mismos sectores radicales de derecha quienes estarían labrando, con admirable paciencia y dedicación, su propio ataúd histórico y político.