El mayor daño que el narcotráfico causa es el dinero turbio repartido ampliamente. La sociedad se corrompe, se desintegran los valores que la pueden hacer progresar. Se nota la penetración del crimen organizado y el narcotráfico en el país y dentro de las estructuras del Estado. Combatiéndolo como ahora, con ayuda de Estados Unidos, una migaja comparada con los recursos del narco, las posibilidades de detenerlo son inexistentes. Al contrario, esa política alimenta el modus operandi actual de comprar autoridades, policías, militares, diputados y una lista más larga en lo que ha salido a la luz.

Y en los pocos casos en que no pueden comprar policías, fiscales y jueces, a juzgar por el volumen, unos “angelitos” muestran al juez fotografías de sus hijos. Los pocos narcos o lavadores llevados a juicio salen absueltos.

El mayor daño que causa la narcoactividad y el tráfico hacia Estados Unidos no es la droga que queda en el camino y los drogadictos que resultan de ello, sino que es la corrupción de la colectividad. Es el daño a la moral de la sociedad, las cifras obscenas en efectivo con que compran sus voluntades, sus servicios, su silencio, sus almas. Un daño superlativo.

Una vez que un sector importante de la sociedad funciona con el dinero fácil y turbio como principal motivador, en efectivo, por el que no se firman recibos ni se pagan impuestos, que no costó mucho trabajo, puede enfermarse de muerte.

Quizá algunos sufren remordimiento temporal al vender sus valores y autoestima, pero en un país cada vez más materialista y de pocos valores, eso dura poco y pronto el remordimiento es sanado por bienes comprados con dinero mal habido, que no habrían podido ser conseguidos de otra manera: vestuario, vehículos lujosos y toda la parafernalia de los nuevos ricos que reciben dinero en efectivo a escondidas.

Igual daño causa a la sociedad el dinero de la corrupción política, de naturaleza diferente pero con el mismo daño a la sociedad: el moral. Las denuncias están planteadas, las evidencias de cómo muchos pasan “a mejor vida” nos enfrentan con esa dura realidad, que es muy poco analizada desde el ángulo en que la estamos viendo.

El debate generalmente se queda en la banalidad de “que presenten pruebas si las tienen” y, por el otro lado, “vean cómo les cambió la vida para mejorar”: vehículos, casas, ropa, lujos.

Aquí analizamos que ese dinero político causa tanto daño a la sociedad como el del narco y, en realidad, es dinero igualmente lavado, ilícito, por esos pagos tampoco se firman recibos, no se pagan impuestos, nada se declara. Es la cultura del sobre con dinero, el del “maletín negro” que compra dignidades, voluntades, votos, almas, empleos inmerecidos, apoyo, militancia, ayuda a convencer a otros. Pagan a muchos por escribir, opinar, dirigir programas y bloguear alabando al que paga y atacando al oponente; funcionarios públicos actúan “alineados” desde lugares tan altos como la CSJ hacia abajo, peligrosos los que facilitan chantajear. Habrá que observar muy bien a todos los que administrarán la próxima elección.

Es abundantísimo el dinero que circula actualmente con la injerencia extranjera, y si bien esa práctica no es nueva, en el país no se había dado en una magnitud tan descomunal como ahora y en el gobierno anterior, según fuentes que hablaron con la condición de anonimato y quizá han declarado afuera.

Algunos no creíamos (el que escribe incluido). Algunas veces lo justificaron como “comprar la paz social”, pero el daño que se produjo fue catastrófico: corromper la sociedad. Que hubiera tantos que perdieron sus valores y los cambiaron por billetes no tiene medida.

Las sociedades que se corrompen colapsan; debemos ponerle mucho cuidado a lo que se está dando, hablarlo abiertamente, denunciarlo. El peligro es grande, el cáncer ha avanzado mucho y podemos no regresar.