Se ha realizado el XIII ENADE, dentro de una tradición que ya se volvió emblemática de la nueva visión empresarial en el país, a la luz de los requerimientos y las oportunidades que acompañan al desenvolvimiento evolutivo de la realidad nacional de posguerra. El año 2000 vio nacer el ciclo de los ENADES, como una novedad estratégica dentro de un sector cuya presencia y participación son inevitables e insustituibles en cualquier circunstancia, y más aún dentro de una dinámica modernizadora como la que estamos viviendo desde hace más de 20 años en El Salvador. Y ahora, el ENADE XIII se ha concretado con un lema que no puede ser más actual y oportuno: “Mejorando empresas, transformando vidas”.

El ENADE de este año nos encuentra en una situación nacional particularmente complicada. Las tensiones entre fuerzas tanto políticas como económicas y sociales se han venido complicando de una manera cada vez más incomprensible. Y por ello es completamente congruente con la realidad que la idea motora de la estrategia empresarial apunte hacia la construcción de una agenda de nación, que impulse el desarrollo y le dé más arraigo al régimen de libertades en el país. Temas como la inversión, el empleo, la seguridad y la colaboración público-privada tienen que estar en la primera línea del quehacer nacional, dentro de una atmósfera de comprensión mutua y de integración de iniciativas, de aportes y de proyecciones.

En esta oportunidad, se destaca la inversión social que hacen las empresas en el ambiente, como una forma de evidenciar que el empresariado de todos los niveles tiene una participación relevante y activa en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Y, a la vez, se destaca el aporte empresarial al Producto Interno Bruto, que alcanza un 92 %, lo cual convierte a este sector en el motor principal de la economía. Los números, pues, son más que elocuentes al revelar que la dinámica del crecimiento tiene que ser interactiva entre lo público y lo privado, y que sólo a partir de esa interacción virtuosa y sostenida es factible abrir las rutas de un desarrollo que nos lleve, como nación, a las metas de progreso que requerimos y merecemos.

Hay evidentemente una responsabilidad compartida, y esta reflexión anual que se concreta en el ENADE la destaca con claridad y lucidez cada vez mayores. Lo más importante, pues, es darles seguimiento a estos insumos de acción y de proyección. Lo natural sería que pudieran disolverse cuanto antes los obstáculos de relación entre el sector público y el sector privado, radicados específicamente en sus cúpulas, para poder pasar de inmediato a la estructuración de una estrategia común, que se enfoque en lo básico, que es donde están los nudos más arraigados de nuestra problemática. Hay que superar desconfianzas y recelos mutuos, para enfilar todas las energías hacia el objetivo de país, que debe tener como brújula el bien común.

Desde la ANEP se ha lanzado una estrategia de desarrollo de aquí a 2024, y los postulados y propuestas de este ENADE se orientan en esa línea. Es decir, se trata de una visión en perspectiva, que nadie puede asumir en solitario ni gestionar en forma unilateral.

Esperamos que la lógica implícita en este ENADE XIII sirva como estímulo para propiciar una especie de reencuentro de fuerzas tanto políticas como económicas. La realidad lo demanda con urgencia y la problemática lo exige con reiteración. Hay que hacer oportuno el momento.