1.- Llevamos casi tres décadas de reformas educativas, políticas y programas, sustentados con miles de millones de dólares que provienen de fondos propios, empréstitos del Banco Mundial y BID y donativos de la cooperación nacional (USAID, Unión Europea, JICA, AECID, GIZ, entre otros gobiernos amigos). 2.- La escuela no cambia, la calidad en ella tampoco; tanto los resultados de PAES como pruebas de logros estandarizadas en educación básica se mantienen estáticos. Solo se presentan “episodios” parciales de mejora con un alto nivel de regresión en cobertura, infraestructura, tecnologías, ambiente escolar, recursos didácticos, etc.

Los que sí han mejorado son los ejecutores externos de las reformas, sin lugar a dudas, en fundaciones, universidades, ONG, empresas consultoras y consultores particulares, sí se puede notar un cambio abismal a todo nivel, ya que tienen una visión de largo plazo que trasciende las malas reglas gubernamentales.

Cuando uno visita “escuelas públicas no preparadas” (es decir, llega de sorpresa) se da cuenta de la realidad: la escuela está postrada; ninguna de las reformas que han pasado por la región han tenido como eje al docente, siendo este el factor central y determinante del sistema educativo; se dan capacitaciones aisladas, parches por aquí y por allá de las modas pedagógicas; se maquilla la infraestructura, se ha creado una considerable cantidad de programas ocurrentes gubernamentales de corto plazo y altamente ineficientes, bien por razones de caprichos ministeriales o ideologías los procesos se truncan. ¿Cuántos millones de dólares se han invertido a través de: Plan Decenal 1995-2005, Colección Cipotes, CAPS, PAIN, SABE, EDUCO, Escuela Saludable, PAES, APREMAT, PAEBA, Educación en Valores, Desafíos de la Educación para el Nuevo Milenio, Escuela 10, CRA, ECAP, CETT, FEB, Plan 2021, OIT-IPEC, Comprendo, Megatec, Conéctate, EDUCAME, Plan Social vamos a la Escuela, Programa de uniformes, útiles, zapatos, vaso de leche... –por citar algunos casos, y sin contar la lista interminable de diagnósticos, informes sectoriales y reformas legales–?, y cada cinco años volvemos a comenzar...

Se diseñan políticas y programas sin visión de largo plazo, sin políticas de Estado, sin costo-beneficio, sin tasa de retorno; como que lo importante es hacer algo, gastar y ejecutar; pasan las décadas y las escuelas ahí están con los mismos problemas, circunstancias y resultados. El gran logro de la década de los noventa fue establecer la cobertura al 100% en educación básica, hoy tenemos un sistema fragmentado de dos y tres turnos, y ahora buscamos la escuela a tiempo pleno... En realidad poco importa si los estudiantes pasan cuatro o siete horas en la escuela si no cuentan con un docente preparado, motivado y dignificado; no importa si por un lapso de tiempo se le equipa un laboratorio con tecnología de punta si quien está a cargo de utilizarlo no tiene las competencias ni comprende su lógica. Incluso, poco podrá hacer la escuela si no damos un vistazo a la problemática antesala familiar...

Tenemos años sin lograr un consenso político, social y económico mínimo sobre nuestro sistema educativo, incluso sin dialogar sobre: ¿qué ciudadano pretendemos formar y para qué sociedad?, ¿qué docente necesitamos?, ¿cómo debe ser nuestra escuela para la actual sociedad de la información y el conocimiento? Mientras tanto mantenemos un perverso sistema educativo que de manera fáctica y silente forma dos tipos de ciudadanos, modelo que perpetúa la pobreza y la exclusión social; unos pocos se forman con las condiciones ideales y culminan sus estudios superiores, mientras que muchos llegan hasta tercer ciclo de educación básica. Poco ha cambiado, ahí están las cifras de escolaridad, las tasas y los indicadores...