Los que fueron electos para trabajar por y para el beneficio del pueblo se comportan de una forma atroz, irrespetan totalmente a los ciudadanos casi a diario con su actuar y sus declaraciones. Irrespetan la ley constantemente, su comportamiento en la Asamblea con la TV siguiéndolos y la prensa cubriendo cada detalle, es fatal, no les importa quedar en evidencia o sencillamente les importa poco lo que la ciudadanía piense. Hay una tercera, y es que nos crean tan tontos que nos engañan siempre, un insulto a la inteligencia del ciudadano. Si este fuera un test, habría que poner la alternativa “todo lo anterior” y probablemente sería la respuesta mayoritaria.

Y es que los políticos en el poder se han desconectado de la ciudadanía inmensamente, pareciera que viven realmente en su mundo inventado por ellos, que se creen sus propias mentiras, que al congregarse en grupo que dice apoyarse y hablar igual el comportamiento y la razón individual desaparecen, se hunden con la sensatez que en algún momento tuvieron, en las aguas turbias de la irrealidad creada como una sucesión de desagües que llegan al mismo lugar. El lugar más cubierto por la prensa es la Asamblea; consecuentemente, la conducta de los diputados es la más expuesta al conocimiento público y vaya que se lucen. En el partido oficial pareciera que algunas compiten por ser las más duras, groseras y faltas de decoro. Algunos compiten por ser los que más sorna y burla destilan, su hablar despreciativo es tan característico que se identifica casi con marca propia. La prepotencia para actuar y la falsa amabilidad para decir las mentiras más gordas de tragar también son ya marca registrada para un diputado. Algunos sostienen que cada cual juega un papel como asignado, probablemente no sea así.

Pero la forma, que es de lo que hablamos en el párrafo anterior, no es tan importante como el fondo, la mordacidad, prepotencia, grosería pueden ser solamente no gratas, poco felices. En una evaluación de popularidad saldrían realmente mal, pero lo más importante es el fondo, la sustancia: mienten con frecuencia descaradamente, y peor, violan la ley repetidamente y de la manera más fresca dicen que no lo hacen, que la culpa es de los otros, que no están violando la ley aunque sea evidente y los más serios ciudadanos y organizaciones se lo hacen ver, se escriben páginas y ediciones enteras, se vierten un sinnúmero de opiniones calificadas en los espacios de opinión. Pero no pasa nada, no parece que les haga la más mínima mella, que los hayan hecho desarrollar un mínimo pudor, un poco de pena frente a su propia investidura, frente a la dignidad de su cargo, frente a la ciudadanía.

Los ejemplos gruesos recientes que se han esmerado en restregarnos son la elección antes de tiempo de magistrados y fiscal, la saga posterior de no acatar los fallos de la Sala de lo Constitucional, la serie de eventos que se desarrollaron vergonzosamente alrededor del tema, como la toma de la Corte a la fuerza. Ahora vuelve el tema de compra de diputados para burlar la voluntad popular, la no elección del fiscal porque, como dijo el presidente de la Asamblea, faltándonos nuevamente el respeto, que no es un tema de urgencia o algo así, aunque la ley y el buen gobernar dicen lo contrario. En cada plenaria se da el suspenso de si saldrá el tema de elegir fiscal sorpresivamente y el “hombre del maletín negro” habría logrado su cometido y lograron comprar al diputado 56.

Qué vergüenza, qué rabia, qué impotencia. Como el bloque en el poder ha comprado diputados después de dos elecciones seguidas, contrariando el mandato popular, cree quizá que podrá hacerlo siempre. Las sociedades se hartan de los abusos y las tiranías, este mal no durará para siempre.