Lo perdí de vista por algún tiempo, pero visité al arquitecto Alberto Harth y tuvo a bien obsequiarme dos plantitas, las que planté en Zacatecoluca, dándoles cuidados necesarios hasta la fecha, cuando ya tienen unos 15 metros de altura. De pronto empezaron a botar semillas, las que dieron origen a varias plantas que las obsequié de la manera siguiente: una a cada uno de a mis amigos Arturo Tona y Bruno Tenze; dos a don Antonio Díaz, que se han plantado en el parque José Simeón Cañas de Zacatecoluca y otra en la iglesia El Calvario de la misma ciudad. Interesé a mis amigos Tirso Sermeño y Aramis Sosa para que las plantaran en el parque de San Vicente, lo cual se realizó hará un año. El domingo recién pasado acudí al parque vicentino a lustrarme los zapatos, y observé que había como cinco personas admirando el árbol sombrilla, plantado en la esquina frente al Banco Agrícola. Me paré cerca de ellos y escuché que los inquietaba conocer el nombre. De pronto les dije que les daba cinco dólares si me decían cómo se llamaba. Uno manifestó que era mamón extranjero y otro dijo que era árbol chino. Me permití expresarles que los nombres comunes que le dan son: árbol sombrilla y también almendro de Madagascar. Nuestro almendro de playa se denomina Terminalia catappa y pertenece a la misma familia de las Combretáceas, y si se fijan, las ramas del árbol sombrilla crecen en forma similar que las del ya conocido almendro que crece por pisos. Luego les pregunté: ¿Cómo dije que se llamaba?, y sin titubear me respondieron: árbol sombrilla. Como conclusión de la plática pensé que hablaría con Tirso y Aramis para que le pongan en la base de la planta un rótulo con el nombre común, el científico, la familia a que pertenece y su origen, pues a cada momento veía que la gente que pasaba lo volvía a ver. Posteriormente recorrí todo el parque observando qué otras cosas nuevas miraba y, preguntando, me informé que el alcalde de la ciudad interesó a todos los propietarios de agroservicios y a los taxistas, a que se encargaran de tomar una sección del parque y la ornamentaran. Estas personas tomaron en serio la idea y es así que cada quien ha hecho lo mejor que ha podido del espacio asignado y el parque luce muy atractivo. Los taxistas no se han querido quedar atrás y en este momento han construido un pequeño rancho de paja y bambú en donde pondrán el nacimiento de Jesús.

El año pasado me impresionó el nacimiento que pusieron en el parque de Apastepeque. Colocaron al Niño Jesús, San José y la Virgen, la mula, el buey, camellos y ovejas del tamaño natural, hechos de papel corrugado, y al contemplar aquel nacimiento de lejos, parecía que todo era natural.

Observé que venían excursiones de pueblos vecinos para admirar esta impresionante obra de arte, que según he conocido, la elaboró un escultor de nombre Sabas. Mucho me agradaría si algún día lo pudiesen mostrar en la plaza del Salvador del Mundo, para deleite de los capitalinos.

emetres@aim.com