Su familia aún vive en el país, en una casa cercana a Soyapango, y de ese lugar, doña Ana no tiene ninguna buena referencia, aunque la apreciación no sea del todo correcta.

Yo, entonces, intenté con éxito convencerla de realizar el viaje. “Es seguro”, le dije, “es como en la mayoría de países, hay zonas peligrosas, donde uno no debería meterse, pero en general se puede caminar con bastante tranquilidad”.

Ella me veía reflexiva, comentaba sobre todo lo que escuchaba en las noticias y yo no parecía avanzar en mi intento de convencerla.

Incluso le ofrecí acompañarla en su recorrido, pero 2012 pasó sin que ella pusiera un pie en este país.

Esta semana que recibimos como balde de agua fría la alerta que emitió Estados Unidos a sus ciudadanos para no viajar a El Salvador, su miedo y todas sus dudas se vinieron a mi cabeza. Pensé en que esto solo sería una razón más para quedarse, como lo será para miles de personas.

A doña Ana ni siquiera la tregua le dio confianza. Y parece que Estados Unidos tampoco confía en ella.

La alerta del Departamento de Estado norteamericano justifica: “Una tregua entre las dos principales bandas callejeras en 2012 contribuyó a un declive en la tasa de homicidios. Pero la sostenibilidad de este declive no está clara y la tregua ha tenido poco impacto en los robos, asaltos y otros crímenes violentos”.

Y yo, tristemente, coincido con ese párrafo. Por supuesto que todos los días me alegro de no tener que contar en decenas a las personas fallecidas por la violencia.

Pero detrás de la tregua hay demasiadas dudas, demasiados grises y permanentemente tengo la sensación de que no nos están contando todo. Sumado a eso, como lo comenté en una columna pasada, la tregua nada ha hecho por reducir otros delitos, como dice Estados Unidos. Delitos como las extorsiones, que tanto mal le hacen al país, a sus finanzas, a su gente.

Y pienso que efectivamente la sostenibilidad de esta no está clara y pareciera que siempre estamos al filo de algo más.

Y pese a los intentos de bajarle tono e importancia, yo no le quitaría peso, ni lo vería sin preocupación, se trata de uno de los países con el que más comercio tiene El Salvador, uno de los que más nos apoya y sobre todo, uno que resguarda a miles de salvadoreños en sus tierras.

Estados Unidos menciona en la alerta siete departamentos con las tasas más altas de homicidio y también 11 municipios.

Esta nación que ahora mismo ha sido equiparada, en riesgo, al nivel de países como Irak, Afganistán, Honduras y México. Exagerado, si quiere, pero ciertamente, profundamente triste para un país cuyos ciudadanos tienen como mayor mérito su dedicación al trabajo, su empuje. Pero que aún resguarda a funcionarios que prefieren desmentir u ocultar antes de ponerse a luchar contra lo que nos frena el desarrollo y el crecimiento.

Aún no he hablado con doña Ana, probablemente pase un buen tiempo antes de que lo haga, pero sin duda seguiré intentando convencerla de que regrese, y se maraville de lo mucho que, con todo y todo, hemos avanzado.