Dos explosiones consecutivas se produjeron en una calle que conduce al templo.
Un artefacto explotó cerca de una mezquita suní en la población de Abu Tamer, próxima a localidad de Al Jales, 70 kilómetros al noreste de la capital, donde al menos seis personas fallecieron y trece resultaron heridas, cuatro de ellas graves.
La violencia en Irak ha descendido agudamente de su peor nivel en 2006 y 2007, pero los ataques mortíferos se siguen sucediendo una década después de la invasión encabezada por Estados Unidos.
Nadie se atribuyó la responsabilidad inmediatamente, pero el policía dijo que el ataque era característico de los milicianos de al-Qaida que buscan socavar la confianza en el gobierno de mayoría chií.
Una fuente de la policía iraquí dijo que diecisiete coches bomba y dos artefactos estallaron en distintos barrios bagdadíes.
La mayor parte del pastel de hidrocarburos se lo reparten la holandesa Shell o la británica BP, mientras que petroleras de países opositores a la intervención militar en 2003 curiosamente cuentan con una presencia importante, como la francesa Total, la rusa Lukoil o la china Petrochina.
La explosión de un coche bomba en el centro del pueblo de Al Duyail, al norte de Bagdad, seguida por el estallido de otro vehículo cuando llegaron las ambulancias al lugar, causó ocho muertos y 80 heridos, además de numerosos daños materiales.
El responsable político auguró, además, que "la producción petrolera iraquí supondrá desde ahora hasta el 2020 un 40 % de la subida de la producción mundial".
Unos diez coches bomba estallaron en diferentes puntos de la capital de Iraq dejando heridos y fallecidos.
Un tribunal de Bagdad condenó el domingo a muerte al prófugo vicepresidente iraquí, tras declararlo culpable de tramar los asesinatos de un abogado y un funcionario gubernamental de seguridad.