(Homenaje al cuentista húngaro István Örkény)

ENCUESTA DE OPINIÓN

—¿Qué piensa usted del presente?

—Que es una cloaca.

—¿Y a usted el presente qué le sugiere?

—Un mirador.

—Usted debe de ser un resentido.

—Quizás.

—Y usted, un poeta.

—Puede ser.

OFICIOS VAN, OFICIOS VIENEN

El otoño está próximo y el estanque lo sabe. Suspira como quien se prepara para recibir más visitas que de costumbre.

Las hojas del vecindario arbóreo también lo saben, y ya alistan lo indispensable para esa excursión que se aproxima, por tierra y por agua.

El aire está atento en su observatorio, sabedor de que sin su aporte de energía ni el otoño, ni el estanque, ni las hojas podrían cumplir con su respectiva misión.

Todos ellos forman un “clúster” climático, aunque aún no se animen a definirse como tal.

LA VENTANA DISCRETA

Los entornos están empezando a despertar, con acompañamiento de nubes y crujir de aleteos. La ventana entreabierta, aún con ansia de bostezo, se empina sobre sí misma para atisbar los avances sigilosos de la luz. Pero su voluntad perceptiva no se queda en ese propósito: con atención indagadora va recorriendo el entorno para tratar de descubrir los movimientos subrepticios de la oscuridad, que también anda por ahí, aunque en retirada. Sólo la ventana conoce el íntimo poder de su aventura cotidiana: hacerse presente en el instante en que el Sol y la noche, tomados de la mano, hacen su relevo de confianza.

FORMAS DEL DESTINO

Aquella araña, disciplinada como todas, cumplía el designio de su naturaleza: ser oficiante en el taller personal. En sus telarañas sucesivas atrapaba insectos desprevenidos, y así se ganaba el sustento. Pero cualquier observador atento podía descubrir que esa labor le provocaba melancolía creciente. Un día de tantos, se detuvo en la rama vecina el grillo indagador. Y, curioso como era, no pudo evitar la pregunta: “¿Qué te pasa? ¿No te gusta lo que haces?” Ella quizás esperaba la pregunta, para sincerarse: “Sí me gusta, pero yo soy tejedora artística. No quiero que caigan insectos en mis telas, sino que en ellas se diviertan las gotas de rocío…”

TESTIMONIO FAMILIAR

Anoche, llovió con ganas. Hubo rayos y truenos a granel, como ocurre cuando el trópico sale a parrandear por las veredas. Hoy, al amanecer, parece que nada hubiera pasado. Todos los follajes en orden, todos los tejados en impecable opacidad, todos los jardines en paz. Sentado en su cuneta de siempre, el mendigo hace memoria de la turbulencia nocturna y da fe sin palabras de la serenidad del día recién iniciado. Anoche padeció frío; hoy padece hambre. Levanta la mirada y la detiene sobre el ramaje del árbol vecino. Están ahí, ambos, desde hace mucho tiempo. Un soplo de brisa hacer temblar las hojas. El mendigo responde: “Buenos días, hermano”.

FIEBRE DE SÁBADO POR LA NOCHE

—Me encanta la música disco. Por ejemplo “I Will Survive” de Gloria Gaynor.

—Ah, pues yo soy de mambo. El “Mambo número 5” es insuperable.

—¿Qué se le puede comparar a “Twist & Shout” con The Beatles?

—¡Bueno, viejitos, dejen de rumiar remembranzas y decídanse a saltar a la pista!

—Los escarabajos no bailan.

—¡Pero los abejorros sí!

AVISO A TIEMPO

La producción lo tiene todo listo. El director, desde su asiento, está a punto de dar la voz de salida. Los actores se hallan en sus respectivos sitios, con el debido oficio de naturalidad. Entra en ese instante un mensajero desconocido, con evidente urgencia:

—¡Traigo una orden superior de que nada se mueva! ¡Luces, cámara, inmovilidad!

Todos se miran entre sí. ¿Será una prueba de profesionalismo, inventada por alguno de esos consultores que cobran lo que sea para dizque probar lo que debe ser?

Nunca se sabrá. En eso vino el terremoto, que lo dejó todo inmóvil para siempre.

HOMELAND SECURITY

El vehículo cruza todas las calles que encuentra a su paso, con la sirena encendida. ¿Un incendio, una emergencia criminal, el apremio de salvar a un enfermo grave? Vaya usted a saber. En estos tiempos, todo tiene un sello multilingüe: peligro.

Pero de súbito ese vehículo se detiene. Alguien se baja, con la parsimonia de los mayordomos antiguos:

—Aquí estoy. ¿En qué puedo servirles?

No hay nadie alrededor. La ciudad es un fantasma de sí misma. ¿Qué ha pasado?

“¡Shhhh, se la tomaron los extraterrestres, pero eso es un secreto de Estado!”

PRECISIONES

—Y Dios, ¿dónde está? ¿No decían que está es su casa?

—Sí, lo es. Dios está descansando. Venga en el horario indicado.

—¿Y cuál es ese horario?

—De ocho a once y de tres a seis.

—¡Ah, pero mire: ahora mismo son las cuatro!

—En el reloj. ¿Quién ha hablado de reloj?

—Usted.

—Yo he hablado de horario. Y este horario no le define el reloj, sino la memoria.

LECCIÓN PERFECTA

Estamos condenados a mirar de reojo todo lo que verdaderamente se halla por encima de nuestra humana condición. ¿Será?

Hay que hacer una prueba, con intención asumida.

El Sol está ahí, enfrente, en el esplendor del mediodía. Me animo a mirarlo a los ojos –en este caso, al ojo–, y unos segundos después estoy ciego. Entonces, viene la segunda parte de la prueba. Ciego como estoy, me encaro a Dios, y de repente recobro la vista.

Dios y el Sol, ciegos ambos, me han dado la lección perfecta.