El ahijado. Hugo Rafael González Hernández, el ahijado del fallecido presidente venezolano, llora desde su casa en Comasagua, La Libertad.

Amadeo Cabrera

Hugo Rafael González Hernández, el ahijado del fallecido presidente venezolano, llora desde su casa en Comasagua, La Libertad, la muerte de su padrino, a quien quiso conocer en vida y por el que también pide respeto.

“Que sepan que fue un hombre bueno, que no fue malo”, así quiere Hugo Rafael que recuerden a su padrino, fallecido el pasado martes tras batallar contra un cáncer.

Su deseo principal no le será concedido a este niño que nació un 16 de enero de 2001 en medio de luto, dolor y destrucción causados por el terremoto que había hecho sucumbir a esta población tres días antes.

“Yo solo lo había visto por televisión, y yo quería verlo en persona. No lo pude conocer, pero lo tengo en mi corazón porque él hizo cosas buenas”, se lamenta Hugo Rafael.

La muerte de su padrino le sorprendió cuando recibía clases en la escuela pública del municipio, en el horario vespertino.

“El profesor me dijo que mi padrino había muerto. Me sentí mal”, recuerda Hugo Rafael, quien a sus 13 años de edad ya cursa el sexto grado de escolaridad.

Y es que Hugo Rafael tiene razones para llevar dentro de su corazón al fallecido mandatario venezolano: la casa que habita es herencia de la ayuda de esa nación a El Salvador tras el violento terremoto que se cobró más de 900 vidas.

Venezuela construyó en Comasagua un complejo habitacional de 117 viviendas, que fue llamado colonia Venezuela. La casa número 1 fue dada a la madre de Hugo Rafael, Carolina Beatriz Hernández. El contingente venezolano también edificó la iglesia católica, dos templos cristianos, la unidad de salud y la escuela.

La noticia, dice Hugo Rafael, le trajo a su mente la generosidad que en vida el mandatario venezolano tuvo para con él y su madre. “Nos dio casa”, rememora el niño mientras su tenue voz se corta, sus ojos se ponen brillosos. Atrás de él, un póster y una pequeña taza con la fotografía de Hugo Chávez son testigos mudos.

“Nos ayudó bastante, nos construyó la colonia, una escuela, la unidad de salud, la iglesia”, trae al recuerdo este niño cuya progenitora se enteró de la muerte de su compadre por la televisión.

“Para mí, significa una persona muy humanista, muy colaboradora, amorosa con el pueblo necesitado”, dice, por su parte, Carolina Beatriz, que también con los ojos rojizos recuerda cómo el personal médico y paramédico la atendió aquel 16 de enero de 2001.

Aquellos momentos que antecedieron al nombre de Hugo Rafael están frescos como el primer día: “Surgió la pregunta de cómo se iba a llamar, y yo les dije que no tenía nombre porque no sabía si sería varón o hembra. Un bombero me dijo que le pusiera su nombre. Al final dijeron que si era varón, le pusieran el nombre del comandante (Hugo Chávez); y que si era hembra, se llamara Victoria, porque era una victoria de vida entre tanto escombro”.

Carolina Beatriz trajo al mundo con la asistencia médica venezolana a un varón que de inmediato fue llamado Hugo. La mujer, el 17 de enero de 2001, se comunicó con quien le pediría ser su compadre.

“Él habló conmigo y me dijo que su gente le había informado que me habían atendido y que era un varón y que le iban a llamar Hugo Rafael, y que si yo le daba el privilegio de ser el padrino de mi hijo”, rememora la madre de Hugo Rafael, que revela que el embajador de Venezuela de ese entonces y su esposa representaron a Chávez el día del bautismo.

“Personalmente (Chávez) le salvó la vida a mi hijo. Estaba en la casa esperando a lo que la voluntad de Dios dijera, pero vinieron ellos (los venezolanos), a quienes catalogo como ángeles que Dios mandó”, agradece esta madre de 32 años de edad.

La embajada de Venezuela en El Salvador desde entonces está atenta y mantiene comunicación con Hugo Rafael y su madre, quienes el día del deceso llamaron a la legación diplomática para transmitir las muestras de pesar por el fallecimiento del presidente.

“Lo voy a recordar como una persona que ayudó a los más necesitados sin andar haciendo excepciones. Él vino a levantar este pueblo”, dice la madre de Hugo Rafael.