A esta edad nos “aturden” con sus preguntas: “¿Y por qué tal cosa?”. No es que sean malcriados o que deseen ser impertinentes; simplemente necesitan tener una explicación a todo lo que sucede o lo que se encuentra a su alrededor.

Por favor, no los regañen ni los desanimen, tampoco inventen las respuestas. Traten de darles las explicaciones más sinceras posibles. Aproveche su curiosidad innata para instruirlos y educarlos.

Aliente su deseo de aprender proveyéndolos de pequeñas historias. Sería ideal darle libros de historias en dibujo ya que aún no leen, pero sí pueden adquirir conocimientos al observar las secuencias. Muchas personas reprimen esta etapa infantil, con lo cual los niños, al ir creciendo, no tienen esta curiosidad y se van volviendo conformistas, abúlicos y desinteresados en aprender, y nosotros los adultos solemos olvidar que gran parte de esto fue provocado por nuestra actitud represora.

La educación infantil es un proceso que ya viene impreso genéticamente, pero debe engranarse con la ayuda de los padres o con la de los cuidadores de los niños. Solemos admirar la inteligencia de otros niños en otras culturas y no caemos en la cuenta de que los cerebros humanos “son idénticos” aunque sean niños de otras razas o lugares de nacimiento. Lo que cambia es la calidad de estimulación mental, alimentación y el entorno educativo de los individuos.