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El Salvador ha marginado su cacao fino durante más de 300 años, a pesar de que tiene una calidad superior al de la mayoría de los países que lo producen. Sin embargo, este cultivo ancestral se ha resistido a desaparecer de estas tierras, las cuales un día lo hicieron brotar en masa. Ahora se ha afianzado a esfuerzos que, aunque incipientes, están empecinados en hacerlo cobrar fuerza.