En la más reciente encuesta de LPG Datos, la inseguridad y la situación económica persisten como las preocupaciones principales de la población salvadoreña. No es de hoy que esto es así, y lo que varía son los matices de percepción en los momentos sucesivos en que la opinión se va midiendo. El hecho de que estas dos temáticas resalten siempre entre lo que más inquieta y angustia a la ciudadanía debería ser el mejor estímulo para encarar de una manera mucho más sistemática, estructural y con criterio de nación los diversos problemas que están envueltos en esos dos grandes rubros. La resistencia a hacerlo, que se ha venido dando independientemente de qué línea ideológica y política esté al frente de la conducción nacional, es una de las retrancas más negativas para la buena marcha del proceso nacional.

En cuanto a las áreas específicas, la encuesta en comento indica que el 44.5% opina que la inseguridad es el principal problema del país, en tanto el 40.2% considera que el principal problema es la economía. La política se lleva sólo el 5.2% de las opiniones al respecto. En esta oportunidad, hay una baja en la percepción sobre la efectividad del trabajo gubernamental en lo que corresponde a seguridad; y en cuanto a la situación económica, la ciudadanía la sigue evaluando como mala, y ese es ahora un juicio más apremiante, dadas las circunstancias.

En lo atinente a la inseguridad, la encuesta también enfoca el punto más palpitante y polémico del momento: la tregua entre las pandillas, que justamente este día está cumpliendo un año. Dicha tregua nació y se ha venido desenvolviendo entre una marea de incertidumbres, reservas y rechazos, y eso se refleja en los datos que arroja esta encuesta. Cuando se le pregunta a los encuestados sobre la opinión que les merece la tregua, el 55.2% expresa que es negativa, el 29.7% se inclina por lo positivo, el 3.8% la juzga regular; y hay un 11.4% que no sabe o que no responde.

Tales cifras indican que la tarea de hacer creíble este esfuerzo apaciguador requiere bastante más dedicación, para que la ciudadanía sienta que no sólo hay una sensible baja de homicidios entre los mismos pandilleros sino un efecto de pacificación real progresiva en el ambiente.

Casos muy concretos como el asesinato del ex pandillero colaborador del programa del Padre Toño muestran hasta qué punto están al rojo vivo las diferencias en torno a la tregua aludida. Lo que debería hacerse, y sobre todo porque hay criterios sociales y espirituales de por medio, es sumar empeños en vez de detonar diferencias y contradicciones. Por eso insistimos tanto en que toda esta dinámica vaya institucionalizándose con rapidez, y en función integradora. Que el protagonismo real lo tome el esfuerzo mismo, en función de soluciones viables y sostenibles para una problemática tan compleja que se salió totalmente de control.

La ciudadanía, con su insistencia en señalar lo que más le preocupa y lo que más le afecta, continúa enviando un mensaje que los distintos liderazgos nacionales, tanto gubernamentales como políticos, tendrían que poner en acción: tratar los temas básicos sin pasionismos reductivos ni sesgos interesados. Es decir, hacer país en el manejo de país.

Sobre cuestiones tan vitales como éstas están llamados a hacer planteamientos de fondo los candidatos a la Presidencia de la República. No se necesitan más consultas en el terreno: la realidad tiene lista su agenda, y el punto de arranque está en leerla como se debe.