Rezos. Un grupo de jóvenes realiza su rezo diario del rosario en la Plaza de San Pedro. Ayer, además de los turistas, llegaron periodistas tras el anuncio papal.

Previsto
Benedicto XVI, que era pontífice desde el 19 de abril de 2005, había dicho ya anteriormente que se imaginaba perfectamente dejar el cargo por motivos de salud.
El Papa Benedicto XVI, de 85 años, anunció ayer que dejará el pontificado el próximo 28 de febrero por su “edad avanzada” y por sentir que le falta el vigor para seguir ejerciendo el ministerio.

La Plaza de San Pedro, acostumbrada a la llegada de cientos de turistas, peregrinos y fieles, se convirtió el lunes en un hervidero de comentarios respecto a la decisión que ha tomado el pontífice.

La noticia que ha conmovido a Roma, y al propio Estado del Vaticano, ha saltado por la agencia de noticias Ansa a las 11:46 de la mañana y tras el primer impacto, miles de personas y decenas de periodistas nacionales e internacionales se han dirigido hacia la plaza.

Entradas en directo de periodistas de televisión frente a la plaza se mezclaba con el ir y venir de gentes desconcertadas que lanzaban miradas de incredulidad hacia la ventana del apartamento del papa, desde donde se asoma todos los domingos para bendecir a los congregados y rezar el Ángelus.

“No nos lo esperábamos. Siempre se ha pensado que se trataba de un papa sin carisma, algo frío, pero de pronto nos ha dejado helados con esta noticia que da muestra de una gran humildad”, aseguró Patricia Renati, de 42 años, que llegó a Roma desde Argentina de vacaciones con su familia.

En los mismos términos se expresó el joven sacerdote chileno Carlos Cabezas, de 36 años, que, abrumado, reconoció que la renuncia del pontífice “es un símbolo inequívoco de humildad y de gran fortaleza espiritual”.

La sorpresa no la han sufrido solo peregrinos y turistas, las tiendas de recuerdos situadas en la Vía de la Conciliación que lleva a la Basílica de San Pedro, mostraban su desconcierto incluso, por las propias mercancías a la venta y que pronto pueden quedar obsoletas.