A once meses de que los ciudadanos acudamos a las urnas para elegir una nueva conducción ejecutiva del país, las aguas de la campaña están cada vez más movidas; pero hay un punto en el que aún no se ven novedades que presagien una nueva forma de enfrentar la problemática básica del país: y ese punto es el de las propuestas de fondo. Se habla, como tradicionalmente se ha hecho, de salir a hacer consultas ciudadanas para construir un Plan de Gobierno. En realidad, lo que parece pretenderse una vez más es ir a preguntar en las comunidades lo que la gente quiere para decirle que eso es lo que se hará, y así ganar voluntades y votos. Después, ya en el poder, ir haciendo lo que responda a los vaivenes de la propia conveniencia.

Se supone que cuando una fuerza política y un postulante por la misma se lanzan al ruedo ya conocen lo que el país y la ciudadanía necesitan, y están por consiguiente en condiciones de hacer ofertas concretas e inmediatas sobre, al menos, las líneas básicas de acción. Sin embargo, lo que la realidad nos viene mostrando, prácticamente desde siempre, son ejercicios de improvisación calculada a la medida de los intereses que están detrás de cada fórmula que sale al ruedo. Esto es algo que tendría que evolucionar de manera consistente y convincente, para que la mecánica electoral encaje con lo que el avance del proceso democrático está demandando.

Como venimos diciendo desde que la campaña empezó a moverse de hecho, porque los plazos legales ya no responden a los dinamismos de una competencia como la que ahora se tiene, la contienda actual es proclive a las novedades, a partir de dos circunstancias específicas: el que sea la primera elección presidencial luego de la alternancia de 2009 y el que haya tres aspirantes con suficiente fuerza para competir de veras, en vez de dos, como ha sido lo usual. Esto es, a la vez, un desafío y un compromiso. Iniciativas reveladoras están ya haciéndose evidentes. Uno de los candidatos, por ejemplo, hizo el reto de que todos los que aspiren al cargo máximo de la representación política publiquen de antemano su información financiera personal, a fin de poder compararla con la que puedan tener al final del mandato, en referencia desde luego al que gane. Esta es una iniciativa muy saludable, que tendría que ser lo natural dentro de un ejercicio verdaderamente democrático y transparente de la gestión pública. Con ello no sólo se controlarían tentaciones sino que se evitarían especulaciones. Sería parte de un mecanismo de sinceración congruente con el requisito de honradez que es propio de una auténtica práctica de servicio.

La ciudadanía espera que no sólo esta campaña sino la gestión que surja de la misma hagan sentir de manera fehaciente que la democracia ya está también en el día a día de la política y no sólo en las frases elaboradas de las declaraciones y los discursos. Para que esto se concrete es indispensable que los partidos y sus candidatos actualicen su respectivo chip, para estar al día con lo que la política y la administración demandan en las condiciones presentes del país y del mundo.

Este es un momento histórico en el que hacer política ya no puede ser repetir clisés gastados o esgrimir argumentos trillados. Todos estamos a la expectativa de la originalidad creativa, tanto en las actitudes como en las ideas y en los análisis sobre la realidad. El encuentro ya no es en una plaza frente a una multitud de oyentes sumisos: hoy el encuentro es con una ciudadanía cada vez más alerta e informada.