Es más, se atropella tanto a este sufrido pueblo hasta el punto de violar la bandera de la patria, en el sentido de ya no utilizar el modelo original con la gloriosa frase “DIOS UNIÓN LIBERTAD”, sino que es reemplazada por el escudo de armas en la franja blanca.

Así con lo anterior, les comento que en 1940 se dio una importante noticia en el Diario Oficial del 29 de marzo: el país había obtenido un superávit de casi un millón de colones, obtenido por el presidente de aquel momento, el general Maximiliano Hernández Martínez, quien fue acusado de masacrar a miles de campesinos salvadoreños. En la firma de los Acuerdos de Paz, el profesor Sánchez Cerén, Nidia Díaz, Guadalupe Martínez, Joaquín Villalobos y otros colgaban sus uniformes de campaña y firmaban la paz; 21 años después usan casimir y trajes a la medida para combatir las ideas con propuestas.

Parece que toda la historia de El Salvador es escrita o mutilada a conveniencia de los gobernantes, a tal grado que se cometen infames errores al prometer cosas que no les son dignas ni puntuales a cumplir, como es el caso en que creímos en la transparencia del gobierno del ciudadano presidente actual, quien está muy callado ante la mordaza que se le impone a la ley de la transparencia.

¿Qué podemos esperar de estos olvidadizos salvadoreños, que ante unos dólares y poder, venden su compromiso social? Solo falta que ellos mismos nos desaparezcan a los que alzamos la voz y las letras, reclamando la verdadera igualdad y justicia social.

Recordemos que la paz se alcanzó aun sin ganar la guerra, y que ella movió los intereses de los particulares, que esa sabia decisión tumbó el orgullo clasista e impuso el interés del pueblo, poniéndonos pulso en la competencia por la prosperidad, sin embargo, sacrificamos al salvadoreño puro, amarrándolo al fútbol, al himno nacional y talvez en alguna que otra fiesta patronal, pero el salvadoreño “arrecho”, a ese lo guardamos en los libros del Tazumal o de TV Educativa, que ya no se publican.

Rara vez guardamos algo bueno, en nuestra historia sesgada ya no se recuerda qué son “La carreta chillona”, el vals “Bajo el almendro” de Granadino, pepas al chusco, la peregrina, esconde el anillo, las atoladas, el shuco, las verbenas, los conciertos pueblerinos por parte de las bandas militares, en fin, tantas bellas tradiciones que ya no tenemos. Si se acuerda de ellas, usted mi amigo es mi contemporáneo; si no, es un nuevo salvadoreño.

Si yo tuviera dos alas, me gustaría volar al pasado para sentarme con don Alfredo Espino y vivir lo que él sintió cuando veía a nuestro pueblo; volar hacia los que tuercen al trabajador salvadoreño, para mostrarles que su inteligencia puede mover positivamente a este país y que los jóvenes que acogen, guiados correctamente, pueden hacer próspero a El Salvador.

Salvadoreños rescatemos a los salvadoreños y a nuestra patria. Seamos buenos aunque sea por negocio.