En el último año pagó $2 millones en una tarjeta de una de las tiendas de ropa más exclusivas de Estados Unidos. Hay quienes dicen que la apresaron porque el PRI, que ha vuelto al poder, no le perdona que en las elecciones que ganó Vicente Fox los traicionó, a pesar de los millones que le dieron.

La líder sindical de los maestros tiene hasta una hija senadora. Por lo menos hasta hace un mes, no era poca cosa. Era una de las mujeres más poderosas de México.

Quienes creen que, después de más de 20 años de manejar a todos los maestros de México, lo que le sucedió a Gordillo (ese es su apellido) es una vendetta tienen sus razones para pensar de esa manera: el líder del sindicato de trabajadores petroleros de apellido Deschamps le acaba de regalar a su hijo, de 22 años, un Ferrari rojo de $7 millones. Deschamps también es senador, pero todos saben, en México, que su salario, de unos $6,000 mensuales, no da para tanto.

Entonces, las apuestas están así: si al senador no lo meten a la cárcel, es que a la pobre vieja del sindicato de educadores Peña Nieto la traía entre ojos y le cobró todas las traiciones políticas juntas.

Los mexicanos luchan contra la corrupción a su estilo: yo habría decretado el allanamiento de todas las propiedades y, quizá, habría potenciado el escándalo. Hasta su marido me llevo preso. Pero en México no pasa eso. No sé si es por miedo a que la mujer de 70 años hable, o por agradecimiento a los servicios prestados, pero hay trato con guante de seda. Incluso, surgen hasta los legalistas que dicen que lo que se robó es de los maestros y que, mientras uno de ellos no la acuse, tendrán que devolverle su mansión de $56 millones. La lucha contra la corrupción en el país más pícaro del mundo es pintoresca, surrealista.

Todavía recuerdo una visita que hice a México, hace algunos años. Al aeropuerto llegó a recibirme un influyente periodista de televisión que conocí durante la guerra sandinista, en Nicaragua. Me llevó al hotel en un auto Camaro exquisitamente nuevo. Quise bromear con él por su nueva adquisición y fue cuando me dijo la verdad: estaba feliz porque ahora cubría, como periodista, Petróleos Mexicanos (PEMEX). Eso significaba que le daban hasta un porcentaje de la publicidad que contrataban en su estación de televisión. “Estoy hecho”, me dijo, como si nada hubiese ocurrido.

Por todo eso es que debemos celebrar la decisión de la Sala de lo Constitucional de admitir un recurso de un ciudadano que quiere saber por qué la Asamblea Legislativa gastó una buena suma de dinero en regalos navideños y obras de arte. Los diputados le negaron ese derecho y declararon que la compra es, casi, secreto de Estado.

Ahora los magistrados de esa sala se disponen a resolver la petición del ciudadano. Antes, sin embargo, compelieron a los diputados a tomar una medida preventiva: deben resguardar, al menos, las copias de los recibos de las compras.

Es evidente que lo que no se quiere es que, dentro de pocos días, diputados respondan que el contador, o el gerente financiero, se emborrachó y tiró al basurero los recibidos originales. También nosotros podemos ser pintorescos en asuntos de dineros públicos.