El sistema inmunológico es aquel que nos protege de las infecciones y se compone de estructuras sólidas conocidas como ganglios linfáticos y células especializadas que circulan en la sangre llamadas linfocitos. El bazo, un órgano en el abdomen, también es parte de este sistema tan importante.

Normalmente durante una infección por virus o bacterias, los ganglios linfáticos se inflaman y duelen, aparece en lugares como las axilas y el cuello, los linfocitos aumentan en número en la sangre y producen anticuerpos que nos ayudan a curarnos de estas infecciones.

El linfoma es una enfermedad cancerosa originada en alguna de las partes o en todas de este sistema de defensa, que como todos los cánceres crece sin tener una motivo como una infección. Pueden parecer ganglios que crecen rápidamente en el cuello, las axilas o las ingles, o dolor abdominal por el crecimiento del bazo.

El linfoma además puede originar fiebre, que no suele ser de hasta 38.5°C, pérdida de peso, sin hacer dieta y rápidamente, sudoración abundante, especialmente durante la noche, sin una razón aparente y finalmente aunque no en todos los casos prurito (picazón) en la piel que se presenta por las noches, al igual que la fiebre.

Cuando es una variedad conocida como Enfermedad de Hodgkin, se presenta en adultos jóvenes, con un pico a los 25 años, y muestra un segundo incremento en adultos mayores de entre 60-70 años.

Hay una segunda variedad de linfoma en el que las células predominantes son linfocitos B y T, células normales de defensa, que crecen sin control y se convierten en células cancerosas, que pueden ocasionar graves consecuencias, incluso la muerte.

El tratamiento de estas enfermedades requiere en todos los casos de la toma de biopsia para un diagnóstico fino que debe incluir inmuno-histoquímica, para definir claramente el tipo de célula que lo produce.

Del uso de quimioterapia que recientemente se ha modernizado y en casi todos los pacientes requiere de anticuerpos monoclonales o conocidos como “terapias Blanco”, más efectivas y menos tóxicas que las tradicionales, ya que combaten elementos únicos y muy dirigidos de las células tumorales.

Finalmente todos los pacientes requieren de tratamiento con radioterapia la cual se usa luego de la quimioterapia o incluso como terapia única, cuando la enfermedad es de bajo riesgo y está confinada a un área muy circunscrita del cuerpo, como un solo grupo ganglionar en el cuello.

La radioterapia consolida tanto el tratamiento quirúrgico como la quimioterapia, esterilizando los ganglios linfáticos afectados y aquellos que están cercanos y por lo tanto en alto riesgo de tener enfermedad que no se haya detectado.

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