Y si es oportunidad de hacer peticiones a la generosidad de los que reparten providencialmente, ¿por qué no hacerlas como país, que al final de cuentas es también un ser con vida propia y con destino propio? Intentémoslo.
Momento entrañable, en que el alma parece estar a flor de piel y a flor de voz. Se acostumbra que Santa Claus traiga regalos para todos, aunque algunos les dejen esa misión a los Reyes Magos. Y si es oportunidad de hacer peticiones a la generosidad de los que reparten providencialmente, ¿por qué no hacerlas como país, que al final de cuentas es también un ser con vida propia y con destino propio? Intentémoslo.

VOLUNTAD DE PERCIBIR EL PRESENTE TAL COMO ES. Empecemos por decir que el presente siempre es una obra inconclusa, y que, por ende, nunca dejará de ser una cadena de esfuerzos que se enlazan sin perder su respectiva identidad. Se ha dicho que cada día tiene su afán, y lo único seguro es el afán del día. No queramos pedirle al presente —a ningún presente, en ninguna parte— el llavero de la realidad. El reparto de las llaves es progresivo y jamás se agota. Y en esto el presente es semejante a la vida. La construimos sabiendo, o debiendo saber, que nunca veremos el edificio terminado. En eso está la gracia inquietante del devenir.

CAPACIDAD DE ENTENDER EL FUTURO COMO TAREA COMPARTIDA. Nefasta herencia del pasado autoritario, una de las más perversas negaciones imperantes es la que le vive cerrando el paso en los hechos al trabajo nacional en común. Y tal negación tiene un refugio bien acondicionado: el coyunturalismo improvisador. Cada día que pasa, cada año que pasa sin que tal actitud autonegadora se corrija es una nueva acumulación de pérdidas históricas. Necesitamos un golpe de conciencia para entrar en la línea de los quehaceres fundamentales que tenemos viciosamente pendientes. El futuro será lo que hagamos posible que sea.

INDUCIR A LA POLÍTICA A SER LO QUE DEBE SER. La frivolización de la política es uno de los fenómenos más ofensivos y destructivos de nuestro tiempo. Y eso ocurre en todas partes, pero en países como el nuestro, que está en fase aún incipiente de aprendizaje del ser y del hacer de la democracia, tal frivolización es una roca en la espalda del proceso. Como dice Alan Bloom en su libro “El Alma Indefensa”: “El Estado administrativo reemplazó a la política”. Y al hacer reemplazo frívolo, el daño es más profundo. Necesitamos que la política se posesione de sí misma, como instrumento de evolución colectiva, en vez de ser mero vehículo de pasiones e intereses.

SERENIDAD CONSTRUCTIVA FRENTE A LOS PROBLEMAS. El país necesita un baño interior de serenidad básica, para tener los ánimos dispuestos en dirección a la tarea de construir nación y a la vez construir Patria. Sólo a partir del sosiego que produce la práctica de la serenidad es posible radiografiar los problemas y encontrar las soluciones factibles. Ya sé que muchos dirán: ¿Y cómo se puede estar sereno ante tanto desmán, ante tanto abuso, ante tanta carencia? Se puede y se debe, precisamente para que los desmanes, los abusos y las carencias no se sigan aprovechando de los trastornos anímicos que provocan.

RACIONALIDAD FUNCIONAL FRENTE A LOS DEBERES. Cada época trae su catálogo de deberes. Y los trae para los individuos y para las colectividades de todo tipo, incluyendo desde luego a las naciones. Esos deberes deben ser enfrentados de manera comprometida y sistemática. Para eso está justamente la razón. Esta es época proclive al caos, en todas partes. Y lo que no podemos permitir es que el caos nos engulla. Flotamos en un mar descontrolado. Y aquí viene al pelo una frase de Víctor Massuh, el filósofo argentino, en su libro “Agonías de la Razón”: “Que la razón mire al caos de frente, se hunda en él hasta localizar el anticuerpo salvador: la coherencia”.

INSPIRACIÓN VISIONARIA FRENTE A LOS DESAFÍOS. Cada respiración, personal o comunitaria, es un desafío. Un desafío que lleva consigo un obsequio providencial: la posibilidad vital y existencial de estar aquí, con conciencia de estar aquí. De ahí parte la camándula interminable de todos los otros desafíos. Y enfrentar los desafíos no sólo es tema de voluntad: requiere inspiración. Los salvadoreños estamos necesitados de inspiración. Y los políticos parecen ni siquiera sospechar este reclamo que generalmente se hace desde el silencio de los avatares sociales. Inspiración visionaria sería el regalo perfecto.

AMOR AL PAÍS COMO BRÚJULA ORIENTADORA. ¿Por qué nos resistimos con tanto empeño al influjo benéfico del amor? Es, de seguro, una resistencia largamente aprendida. Una resistencia que nos oxida las coyunturas del destino. Tenemos una existencia en curso, tenemos un sitio en el que se desenvuelve esa existencia, tenemos una experiencia multicolor del avance en el tiempo. Todo eso hay que nutrirlo de amor. Me dirán que cuesta demasiado amar lo que con tanta frecuencia nos hace daño. Sí, cuesta, y por eso vale. Y por eso es un regalo que le pedimos al dispensador de bienes superiores. Así sea.