Después de una semana esperando escuchar la historia de Mateo, el mellizo, llegó por fin la repetida pero anhelada crónica de la incredulidad y sumisión a la verdad, por parte del hombre que creyó solo porque vio al Jesús resucitado.

Lo anterior parece que es solo la experiencia de un cristiano, pero lo cierto es que me permitió analizar un poco más la situación del país, pudiendo detectar que la conducta de moda es la anarquía y el abuso de poder, sí, a eso es a lo que se ha llegado por parte de los bravucones y de algunas autoridades del gobierno; si el lector se fija detenidamente, a pesar de las campañas contra la embriaguez, los accidentes de tránsito motivados por el alcoholismo volvieron a cobrarse víctimas; sin embargo, las autoridades se conformaron con mencionar que se tuvo menos homicidios este año, es decir, que según ellos, el conformismo burocrático debe ser el estandarte del nuevo pueblo salvadoreño, patética creencia; luego, observé que los gendarmes se han vuelto participantes activos de la delincuencia, haciendo su intervención en forma activa o pasiva. Para el caso un agente policial se ensaña con el conductor infractor al que le falta el extintor, pero al delincuente lo persigue a conveniencia, si no, cómo se explica que los índices de cometimientos de hechos delictivos se mantienen en las zonas que por años han existido, eso lo que provoca es pensar que existe un acuerdo entre policías y delincuentes o simplemente no hay voluntad para trabajar en el ámbito de la seguridad.

La paradoja se da incluso en el ambiente deportivo, ese momento de supuesta sana diversión, que como pasó el día en que tuvo lugar el partido Alianza contra FAS.

En esa ocasión la afición no solo planificó anticipadamente las magnas explosiones, sino que las detonó en medio de su afición más popular, cinco personas resultaron heridas, a lo que la PNC pasó a ser un espectador armado pero sin injerencia.

También aprendí que a nuestra propia familia se le defiende personalmente, ya que ningún gobierno hasta ahora ha podido con la estructura organizativa de las maras; creo que los salvadoreños ya sabemos hasta dónde llegan los carros patrullas, o los patrullajes de los policías, ya sabemos que después de las 6 de la tarde, los policías son fantasmas que aparecerán al día siguiente y los que aún se ven en la nocturnidad son capaces de cometer hechos punibles.

Cerrando con el aprendizaje, veo muy entristecido cómo las bancadas de los legisladores salvadoreños se desmoronan y tratan de prevalecer ante la misma ley que les permite ser lo que son, o se venden muy a lo Judas, por unas monedas, para traicionar no a su partido sino al pueblo que votó por ellos.

Diputados, no confundan la tolerancia con el miedo, no amenacen al pueblo, porque somos pacientes, no pasmados.

Las instituciones en este país han pasado a ser como las alfombras del Viernes Santo, una bonita tradición para adornar al gobierno, las ciudades y los pueblos, pero que realmente en el fondo no ganan nada en las entrañas del pueblo.

Aún creo que el ser bueno es buen negocio, seamos buenos aunque sea por negocio.