Esta vez, parte de los ciudadanos se han vuelto a alborotar como buenos guanacos. Los medicamentos en forma ficticia o momentánea se volvieron escasos. Los descuentos por pago en efectivo y con tarjeta no operaron y algunos fármaco dependientes o que por prescripción médica han usado una específica medicina por varios años andan molestos con los dependientes de las farmacias, porque estos de la noche a la mañana les dicen que ya no tienen o ya no pueden proporcionarle lo que por mucho tiempo les han facilitado cualesquiera que fuesen los precios.

Una vez más el afectado anda en búsqueda de quien se las pague y no de quien se las debe.

Habrá productos que por ser muy caros, por el impuesto que pagan, al parecer serán retirados y suplantados por genéricos, que se dice son igual de efectivos. Pero hay pacientes que le tienen fe a su doctor que les ha recetado o la medicina misma y se empeñan que un genérico no le funcionará.

Hay quienes han dicho que sí funcionarán y no se morirán aun cuando se argumente que el tratamiento es delicado, como por ejemplo medicinas para el corazón o la presión arterial.

Hay otros que manifiestan que en el campo solo saben de medicamentos naturales. Que no se mueren, al contrario son longevos. Todo está en la mente.

Retomando el aspecto psicológico: la mente es la que le envía mensajes al cuerpo. Ella es la que predomina.

Los de la tercera edad que usan el tratamiento efectivo para disfunción eréctil conocido como Viagra (viejos agradecidos) tendrán que arriesgarse y poner a prueba su poder mental usando productos equivalentes. Dura prueba les espera.

Los salvadoreños tienen la ventaja o desventaja, según las circunstancias, de ser reactivos y conformes al mismo tiempo, reaccionan al aumento de la gasolina, al incremento de la energía, al aumento en la tarifa de los transportes, al aumento en los precios o eventual escasez de las medicinas y terminan aceptando lo que dispongan. De ello se aprovechan los tomadores de decisiones de este país. Todo pasa, todo pasa, hasta uno pasa, ya lo hemos manifestado en varias ocasiones. A semejanza de los machos a lo más que llegan es a pujar cuando les ponen una carga adicional. Al final todo sigue igual y los ciudadanos de este país se acomodan a las nuevas reglas del juego con estoicismo y resignación.

Si no fue necesario un plebiscito para cambiar la moneda, no es de esperarse que los poderes públicos sometan al voto popular directo para que se apruebe o se rechace una medida relativamente insignificante que afecta a los pacientes dependientes de una medicina en particular. Yo soy un afectado, iré a mi doctor para que me recete un equivalente, ojalá no me vaya a salir con otro racimo de genéricos, en los que él recibirá comisión. Si ese fuese el caso no me quedará más alternativa que acudir a un amigo que me tiene toda una lista de productos naturales con los cuales se ha defendido y ya pasó de los setenta, camina en la madrugada y todavía tiene, gracias a Dios, una vida productiva y muy espiritual.