Mis fuentes son cuatro libros publicados en el extranjero. Ya sea por el buen nombre del compilador o el del editor, o de ambos, los cuatro pueden considerarse fuentes con autoridad. En esos volúmenes se nombran 57 poetas. Como he dicho: únicamente tres aparecen en todos los libros usados para la muestra; a esos los denominaré “sobresalientes”. Estos son seguidos de cerca por otros cuatro poetas, que aparecen en tres de los libros (“segundo nivel”). Luego, otros 14 aparecen en dos ocasiones (“tercer nivel”), y 36, la mayoría, son considerados una sola vez (“cuarto nivel”).

Intento utilizar un método para extraer conclusiones objetivas y medibles a partir de las valoraciones subjetivas (justas o injustas, eso no importa) de los autores de esos libros. Es solo un ejercicio de entretenimiento que muestra la estima que se tiene sobre la obra de esos 57 poetas.

El primero de los libros seleccionados es “Pájaro relojero. Poetas centroamericanos”, publicado en 2009 por el sello de la prestigiosa editorial Galaxia Gutemberg, de Barcelona. Su autor es el poeta Mario Campaña. Su intención, dice en el prólogo, es recoger las “más altas voces de la poesía de Centroamérica”. Es interesante: los únicos tres salvadoreños que escoge son los mismos que invariablemente aparecen citados, junto a otros más, en los otros libros escogidos para realizar esta muestra.

El segundo es “Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana”, publicado en 2011 por el Fondo de Cultura Económica, de México. El antologador, el novelista Sergio Ramírez, incluyó únicamente autores vivos, entre los cuales se cuentan 10 de El Salvador. Aquí también se repiten Claribel Alegría y Alfonso Kijadurías. Dalton, como sabemos, fue asesinado en 1975, y no se incluye una selección de poemas suyos.

A diferencia de los demás libros considerados, el de Ramírez es el único que no tiene la pretensión de ser una antología general desde el siglo XX. Por ello me remití a su bien documentado prólogo, donde menciona y pone en contexto a los principales autores que antecedieron a su selección de “vivos”. De El Salvador menciona a Roque Dalton. El otro es Francisco Gavidia. Así, Dalton alcanza la cuarta mención, y Gavidia sube un peldaño agregándose al reducido grupo de poetas del segundo nivel.

El tercer libro no es una antología, sino la Enciclopedia de Poesía y Poética de la Universidad de Princeton, considerada la obra de referencia más completa y autorizada sobre la poesía en el mundo. Su edición de 2012 incluye por primera vez una reseña sobre El Salvador, que comienza en el siglo XIX y llega hasta nuestros días. Como pueden imaginarse, tampoco en ese librote de 1,640 páginas faltan Claribel, Dalton y Kijadurías.

El cuarto es la reciente “Antología. La poesía del siglo XX en El Salvador”, publicada por Visor, de España. Entre los 27 autores que incluye Fernando Valverde hay nombres que se repiten, otros desaparecen y surgen otros nombres. Pero los infaltables son los mismos.

Las antologías de poesía no son justas ni injustas. Son ríos que arrastran mierda y flores. Obedecen al gusto o al capricho. Este ejercicio da para hablar. Pero lo que sí puede concluirse es que, hoy por hoy, los poetas que sobresalen son Claribel, Dalton y Kijadurías.

(Las listas completas en http://talpajocote.blogspot.com/)