“El trato que un escolta de la seguridad del presidente de la República le dio al señor Francisco Gómez es simplemente inhumano. No se puede calificar de bestial, porque sería una ofensa para cualquier animal.
El trato que un escolta de la seguridad del presidente de la República le dio al señor Francisco Gómez es simplemente inhumano. No se puede calificar de bestial, porque sería una ofensa para cualquier animal. Por ejemplo, un perro con fuerza y tamaño superior a otro normalmente no es el primero en atacar; y si se ve acosado, responde con una manotada o un pequeño apretón en la nuca del atacante, como una señal de advertencia y el incidente llega a su fin.

Lo aberrante y repudiable de este incidente es que los jefes del agente Douglas Antonio Durán Monge respondan con comunicados oficiales justificando la forma de proceder del mismo; y como si esto fuera poco, que el presidente mismo cuestione a la fiscalía y al juez por proceder a hacer justicia con prontitud. Y a todo esto, el partido FMLN, con el cual el Ing. Gómez ha trabajado muy de cerca y militado, al menos en la última década, no dice NI PÍO. Cosas de la vida.

Si un agente público, pagado con los impuestos que resultan del trabajo de la gente honrada, es capaz de actuar de esta forma contra un ciudadano de la tercera edad en plena luz del día, es menester encomendarse a Dios por si uno tiene la desdicha de caer en manos de esta especie de matones, en la oscuridad de la noche, cerca de un predio baldío o una barranca.

El matonismo y la matonería es una peste que se ha desatado, y se requiere de una campaña nacional, sostenida, para frenarla. Este año se han lucido los matones y las matonas, en la Corte Suprema de Justicia, en la Asamblea Legislativa, en los partidos políticos, en los sindicatos, decenas de matones al volante, matones asesinos en parqueos de restaurantes. Matonismo en la familia, en el deporte y en las iglesias.

Nos estamos creyendo la historia de que la violencia proviene exclusivamente de las pandillas, lo cual no es cierto; y por lo demás, las pandillas están proscritas legalmente y son fácilmente identificables. El problema más serio es la violencia que proviene de quienes están protegidos por la ley y pagados con los impuestos de sus víctimas.

Podríamos llamarle la violencia promovida por los y las que visten de etiqueta, al último grito de la moda y que pueden gozar de impunidad casi absoluta, como los que no eligen al fiscal porque no es el suyo. A este tipo de violencia se le ha conocido históricamente como la violencia institucional. Hoy muy pocos se atreven a llamarla así, por su nombre propio, porque eso no va con el último grito de la moda.

Quienes toman decisiones desde el poder político, deberían de tomar en cuenta que la gente ya no se guía únicamente por el discurso, la ciudadanía recurre cada vez, más a la evidencia del desempeño, de los resultados, para hacerse su propio criterio.

El año 2012 lo recuerdo como el del mayor número de campos pagados y cadenas nacionales de radio y televisión promovidas desde el Gobierno para dar a conocer anuncios contra la violencia.

Hoy era la oportunidad de ratificar ese discurso, anunciando que la Presidencia de la República prestaría toda la cooperación debida a los encargados de administrar justicia, para que se investigara y sancionara, con base en la ley, la actuación del agente Durán Monge, pero nos salieron con algo bien distinto.