“Ciertamente nos merecemos una educación de primer mundo y no debemos temer al calificativo, es alcanzable. Se definiría como un proceso que siga las mejores prácticas de los primeros 20 países en educación en el mundo. Sería un proceso cuyo inicio puede ser el gran legado del actual ministro.”
Para impulsar el concepto, y con el propósito de poner clara una meta de largo plazo, que como todo lo que se desea fervientemente es posible de alcanzar. Además, al creer que somos capaces de alcanzarlo, es mas fácil llegar al objetivo, es mas fácil adoptarlo como sociedad.

Intento una definición fácil de educación de primer mundo, “un sistema educativo que contenga y ejecute las mejores prácticas en educación de los primeros 20 países en el ranking mundial de educación”, difícilmente debería alguien oponerse a que aspiremos a ello, podemos asumirlo y creer que podemos lograrlo.

Lo último es un poco más complicado pues nuestras ejecutorias en casi todos los órdenes son históricamente mediocres, difícilmente destacamos más allá de Centroamérica. Sin embargo, tenemos connacionales que han destacado mundialmente y algunos atletas preparados con los procesos adecuados que han destacado a escala panamericana. Hay países pequeños con pocos recursos que han destacado en todo el mundo. En deportes, los corredores africanos; en educación, Irlanda y Singapur, que eran pequeños y pobres cuando iniciaron sus grandes reformas educativas y 20 años después están entre los mejores del mundo en educación, y en el camino se volvieron ricos.

Los grandes emprendimientos, como llegar a la luna o desarrollar energía atómica, no se dan de la noche a la mañana, son procesos que, seguidos con disciplina, planeados por etapas, manteniendo el norte claro y sabiendo resistir las dificultades que se presentan siempre, finalmente llegan al éxito.

Crearnos una educación de primer mundo sería ciertamente un gran emprendimiento que requeriría, como todos, un proceso largo, sostenido, manteniendo el rumbo, un proceso que sea un acuerdo de nación, que se convierta en política de Estado y la sigan los gobiernos que lleguen, sin importar de que partido sean, como un mandato de la sociedad.

Nuestra historia ha sido desafortunadamente un ejemplo de lo que no debe hacerse. En educación, cada titular que ha llegado, casi sin excepciones, ha desechado lo que ha dejado el o la anterior y va con algo distinto, no necesariamente mejor; el triste ejemplo es este Gobierno, cuando un plan de educación consensuado y de largo plazo al que el FMLN se había comprometido a apoyar fue desechado sin explicaciones por el exministro Sánchez Cerén.

La educación es más tema de izquierdas mundialmente, y en nuestro país, a pesar de que muchos de los exguerrilleros del FMLN son maestros de profesión, no le han hecho honor a su profesión tan digna, la impulsa más la derecha. La educación no debe tener signo político.

Toda gran reforma pasa por la oposición de los gremios involucrados, la de salud por los médicos, la de educación por los docentes. A nadie le gusta el cambio, nadie quiere perder o ver amenazado su statu quo.

La mayoría de profesores son de izquierda, así que una gran reforma puede alcanzarse más fácilmente en un gobierno de izquierda; debiera ser el gran legado del actual ministro de Educación y el gobierno actual, un plan nacional de educación, que pasa necesariamente por reformas importantes que involucran a los maestros.

Solamente pueden tenerse alumnos de primer mundo con maestros de esa calidad. Ambas cosas son alcanzables y las merecemos.

Seguiremos sobre el tema.