Unas 3,000 personas realizaron entre la noche del sábado y la madrugada de hoy una vigilia en homenaje a los 237 jóvenes que murieron el fin de semana pasado al incendiarse la discoteca en la que bailaban en la ciudad de Santa Maria, en el sur de Brasil.

La vigilia se realizó tras la celebración de una misa colectiva. La multitud, que vestía camisetas blancas con fotos de las víctimas, se congregó frente a las puertas de la discoteca "Kiss", una de las más concurridas de esa ciudad universitaria, y depositó ofrendas florales frente al edificio, que quedó prácticamente destruido.

El silencio protagonizó la procesión que discurrió desde la iglesia hasta el lugar de la tragedia, aunque en algunos momentos se vio interrumpido por el llanto de los familiares, que al igual que el resto la ciudad, de unos 230.000 habitantes, aún están consternados por lo ocurrido.

Alrededor de las 02:30 de la madrugada, hora en la que habría comenzado el incendio, los familiares y amigos, con las manos en alto, llevaron a cabo una serie de oraciones y cantos religiosos.

La celebración contó con un fuerte operativo de seguridad que estuvo a cargo de efectivos del Batallón de Operaciones Especiales de la Brigada Militar. También acompañaron la vigilia algunas ambulancias y fue instalado un hospital de campaña que sirvió para atender a algunas personas que se descompensaron durante la jornada.

Algunas personas manifestaron su indignación a través de carteles que exigían justicia para las víctimas y castigo a los responsables del siniestro.

La última muerte relacionada con la tragedia se produjo precisamente mientras se realizaba la vigilia. Se trata de Bruno Portella Fricks, un estudiante de 22 años que se encontraba internado en el Hospital de Clínicas de la capital de Rio Grande do Sul.

Alrededor de 141 personas continúan internadas. Entre ellas, varias decenas están ingresadas en unidades de cuidados intensivos y otras tantas cuentan con respiración asistida. El número exacto de los internados no fue divulgado debido a que se encuentran hospitalizados en diversos centros, tanto de Santa Maria como de Porto Alegre.

El 90 por ciento de las víctimas mortales sufrieron asfixia al inhalar el humo tóxico que se expandió por el lugar, después de que una chispa proveniente de una bengala encendida durante la actuación del grupo musical Gurizada Fandangueira, alcanzara la cobertura del techo, que era de material inflamable. También quienes permanencen internados sufrieron problemas respiratorios.

Entre los factores que contribuyeron a que el incidente tomara proporciones trágicas se encuentran, entre otros, el hecho de que el extintor con el que los músicos intentaron apagar las llamas no funcionase, así como que el local no contaba con salida de emergencia y el exceso de aforo de la discoteca, que tenía capacidad para unas 700 personas y en la que había entre 900 y 1.000.

Además, los guardias de seguridad impidieron en un primer momento la salida de la gente para que no se fuera sin pagar. La habilitación del lugar por parte de los bomberos estaba por otro lado vencida desde agosto pasado.

Hasta el momento fueron detenidas cuatro personas en relación con el incendio: los dueños del local, Elissandro Calegaro Spohr y Mauro Hofffmann; el vocalista del grupo musical, Marcelo Santos y el auxiliar técnico de la banda, Luciano Augusto Bonilha Leão.