En Latinoamérica las cosas son más alegres: en México los mejores regalos llegan el 6 de enero, en nuestro país se le escribía al Niño Dios. ¡Qué hermosa inocencia!

Para esta época las cosas son más cambiadas, por lo menos en nuestra realidad. Los niños ya no saben escribirle al Niño Dios, ellos le mandan un mensaje vía MSN, su ortografía la corrige el ordenador y sus pedidos tienen que ver con la alta tecnología que se vende por la televisión.

Para algunos niños en El Salvador, la Navidad es sinónimo de regalos grandiosos, pero para otros es el amargo recuerdo de sus quemadas a causa de las luces de colores y daño irreparable; el tradicional Santa Claus, ya es delgado y azul, si lo vamos a admitir así, cambiémosle el nombre y su historia. La Navidad salvadoreña de 2012 es tiempo de compra y venta, de calor por la deforestación, de alegría opacada por la mala economía y las familias desintegradas. Es tiempo de beber desaforadamente y remordimientos al día siguiente.

No estoy en contra de las celebraciones, pero para efectuarlas hay que tener motivo de alegría y triunfo. Por eso me pregunto ¿qué celebramos? Aún mueren más de 7 personas a diario en nuestro país, las extorsiones son parte del presupuesto del salvadoreño, la vida diaria es más cara, el transporte es un caos, el sistema de salud es deprimente, la educación de los niños es tan deficiente que los niños ya no los culturizamos como salvadoreños, muchos universitarios a duras penas saben el nombre de los departamentos de nuestro país y para cerrar, al presidente que tenemos se le ha restado su importancia, por la carrera anticipada a esa silla por los actuales contendientes.

Aún se le echa la culpa a 20 años de gobierno de derecha y con eso se ocultarán los 5 años de ineficiencia de este gobierno. ¿Qué celebramos entonces?

Como salvadoreño aún quiero las piñatas y las posadas, el chilate y el chumpe con salsa criolla, quiero que mi hijo no solo lea y escriba, sino que entienda y se exprese, que sus ideas sean escuchadas y debatidas, que aprenda a aceptar la derrota y que deje al triunfador en su momento de gloria. Quiero que sepa soñar, para que construya un país distinto al actual.

Que su inocencia la viva según su edad y que no imite al adulto, sino que sea un adulto con sus propias convicciones, quiero que mi hijo sea orgulloso de ser hijo de esta patria.

Deseo que esta Navidad sea más de acogimiento familiar, de reflexión y amor de salvadoreños; que ustedes y yo podamos encarar el año 2013 con fuerza e hidalguía, como verdaderos salvadoreños. Hermanos: Seamos buenos aunque sea por negocio. ¡Jo jo jo. Feliz Navidad y próspero año 2013!