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Nuevo hogar para los niños presos

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Ayuda. Una mujer que se encuentra en fase de confianza carga un niño que llegó con su madre desde cárcel de mujeres a la granja penitenciaria en Sonsonate.

El proyecto es impulsado por la Dirección General de Centros Penales: trasladar a los niños que viven junto a sus madres en fase ordinaria de condena a la granja penitenciaria de Izalco. Se busca que crezcan en un ambiente distinto a una cárcel para evitar cualquier repercusión en el futuro.

21 de Abril de 2013 a la(s) 6:0 / Jessel Santos



Juegan a custodios y reclusos. Los 19 niños, que pronto saldrán de la cárcel de mujeres de Ilopango para visitar una granja penitenciaria en Izalco, juegan a custodios y reclusos. Uno de ellos ha dicho que hará el papel de “él”, para referirse al custodio que vigila el recinto. “Te voy a llevar amarrada”, les dice. Los demás personificarán el papel que hacen sus madres todos los días en esa prisión: serán presos.

Son las 7 de la mañana del viernes 12 de abril. El grupo de niños, todos menores de cinco años, la edad máxima para continuar junto a sus madres que cumplen condenas, se prepara para salir de excursión. Los 19 son parte de los 90 que viven en cárcel de mujeres, y son la mayoría de los 133 niños que se encuentran en condiciones similares –viviendo con sus madres presas– en todo el sistema penitenciario de El Salvador.

Junto a sus madres, todas reclusas en fase ordinaria, se suben a un bus que los llevó desde cárcel de mujeres hacia el municipio de Izalco, en Sonsonate. No ver rejas, hacinamiento y tantas paredes alienta a los niños. Tras el recorrido de dos horas, los más grandes bajaron de los brazos de sus madres y corrieron hacia el campo. Habían llegado a la granja penitenciaria, el lugar que será su estadía permanente en el primer trimestre de 2014, según las proyecciones de las autoridades.

La granja penitenciaria es un proyecto de la Dirección General de Centros Penales (DGCP), en la que pretenden instalar a todas las mujeres de fase ordinaria que sean madres o que se encuentren en estado de gestación. El objetivo es brindar atención adecuada a los niños que viven recluidos sin haber cometido un delito.

Tras la llegada a la granja, la primera actividad fue una caminata que llevó a las madres reclusas y a sus hijos hasta el lugar donde será instalado el Centro de Desarrollo Integral (CDI), en el que personal especializado brindará atención a sus hijos. “Tárdese todo lo que quiera. Nosotros no tenemos prisa por venirnos”, dijo una de las madres a un albañil que trabaja en la construcción.

Algunas de las madres recluidas en Ilopango afirman que no están de acuerdo con el traslado hacia Izalco. Su negativa está basada en la lejanía de sus lugares de origen, mas no en la atención especializada que recibirán sus hijos. “Yo quiero que mi hijo tenga mejores oportunidades, que no pase por las cosas que yo he pasado, porque he cometido errores. No quiero que él crezca en estas circunstancias, por eso me gustaría que él estuviera aquí”, comentó Siris López, quien además de su niño de dos años tiene otro de siete que ya no está con ella.

Según Nelson Rauda, director de Centros Penales, la estrategia está fundamentada en brindar atención a niños en riesgo, para determinar, en un futuro, cuántos niños podrían estar involucrados en hechos delictivos. “Cuando tomamos niños de esta edad, que ya nacen en un contexto de encierro, que ya nacen en una situación de exclusión social, que ya nacen en una situación de riesgo de delincuencia, el modelo es totalmente medible, porque yo puedo saber, de aquí a 20 años, qué pasó con la vida de esos niños y niñas”, aseguró.

El recorrido también llevó a las madres con sus hijos hacia lo que consideraron un zoológico. Cientos de conejos enjaulados atrajeron la atención de los niños. Les permitieron tocarlos. “Mirá qué grande, mamá, ¿puedo tocarlo?, ¿puedo llevarme uno?, yo quiero uno”, rogaba una niña a su madre.

Al otro extremo, un niño de cuatro años hacía la primera escena de coraje. “Hijo, tenemos que irnos”, decía la madre, halando su brazo. “Vamos a ir a ver los cerdos, allá hay más animales”, fue lo que lo convenció a seguir.

Junto al grupo de 20 mujeres también camina, adelante, en medio, atrás, a los costados y, por todos lados, el personal de seguridad de Centros Penales. Los niños tenían libertad de caminar por donde quisieran; sin embargo, las madres tenían limitantes.

Según Tarquino Hernández, coordinador de educación del sistema penitenciario, la idea en la granja penitenciaria es que serán las madres las que pagarán la pena, no los niños. Por ello, las áreas de formación y recreación tendrán condiciones diferentes.

Uno de los cambios, agrega Rauda, será el uniforme de los custodios, que será diseñado un poco parecido a los de la Policía Nacional Civil (PNC). “Estamos haciendo valoraciones de modificaciones de las personas que trabajan allí, porque un niño que sale a la calle ve policías, no personal penitenciario”, explica el director.

Otro de los cambios es el ambiente. De acuerdo con el director de Centros Penales, se adecuarán las zonas de paso, de recreación y de formación de los niños, de tal forma que se asemejen lo más posible a lo que puedan encontrarse los niños que no viven dentro de una cárcel.

La caminata se desvió. Se dirigen hacia los cultivos. Mujeres en fase de confianza, que son las que ya trabajan de lleno en la granja penitenciaria realizan las labores agrícolas. En el terreno han sembrado pepinos. Les permitirán cortarlos a las madres y sus hijos. Mientras tanto, una de las mujeres en fase de confianza explica el proceso de siembra. Pocas de las reclusas que han llegado de visita, las de fase ordinaria, le ponen atención.

Raquel Alas de López, encargada del CDI de la granja penitenciaria, explicó que mientras los niños se encuentren de 7 de la mañana a 3:30 de la tarde en las instalaciones del CDI, las madres participarán en trabajos agrícolas, manualidades, capacitaciones y proyectos de formación. “Será algo parecido a una jornada laboral que tiene toda persona común y corriente”, detalló. A la hora de salida, podrán recoger a sus hijos para convivir con ellos.

Nuevamente toma el recorrido su curso. Volvieron al punto de partida. Los niños revientan piñatas, comen dulces y en pocos minutos estarán listos para el almuerzo. Algunas mujeres terminan de convencerse de que el traslado es lo mejor para sus hijos. Otras se abstienen de opinar. No obstante, los niños parecen no querer volver a su hogar en la cárcel. Algunos lloran cuando suben de nuevo al autobús, y piden explicaciones de por qué deben regresar. Sus madres no dicen nada.

Proyecto a largo plazo

Para Rauda, el gran desafío del proyecto es la sostenibilidad y el seguimiento. El funcionario aseguró que la DGCP deberá crear alianzas con instituciones y ONG que permitan darle continuidad a los niños cuando salgan de los centros penitenciarios. “Si no hacemos nada desde Centros Penales, los niños serán un dolor de cabeza para la justicia juvenil. Por eso, si comienzo y luego no se hace nada, se va todo al basurero”, argumentó.

Rauda especificó que ejecutarán una política integral en la que incluirán al Instituto Nacional de la Juventud, al Consejo Nacional de la Niñez y de la Adolescencia, al Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y la Adolescencia y otras instituciones del Estado, así como los ministerios de Salud y de Educación.

“Por ejemplo, voy a pensar en voz alta: si le damos becas de estudio a estos niños podré evaluar si realmente pueden salir adelante y no convertirse en integrantes de grupos delincuenciales. Pero solo si lo hago sabré si hubo ese cambio”, declara Rauda.

En el proyecto también serán incluidas las madres afines a pandillas, que al unirlas hacen una población de más de 130 mujeres. Para la convivencia entre ellas, según Rauda, ya existen conversaciones con los mediadores de la tregua entre pandillas Raúl Mijango y Fabio Colindres, para que también exista un pacto de no agresión en las instalaciones de la granja penitenciaria.

“Si no hacemos nada desde Centros Penales, los niños serán un dolor de cabeza para la justicia juvenil. Si inicio y luego no se hace nada, se va todo al basurero.” Nelson Rauda director de Centros Penales “Quienes son las personas que están en encierro (son) las madres, pero no los niños, por eso la apuesta a la política integral.” Tarquino Hernández coordinador de educación del sistema penitenciario
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