En el programa. Rosa Maribel Pérez, de 27 años, habitante de Cacaopera, Morazán, realiza las labores domésticas junto a la menor de sus tres hijos, Maribel Abigail.

15,000
personas, entre niños y mujeres, beneficiados en la primera fase.
2,603
niños, menores de cinco años, han sido atendidos en cuatro municipios de Morazán.
“La desnutrición crónica significa pérdida de posibilidades para todo El Salvador, un gasto grande en relación con el flujo del PIB. Es falta de productividad y posibilidades para la población.”
Dorte Ellehammer
representante del PMA en El Salvador
Objetivos del proyecto
“Nutrimos El Salvador” se basa en ejes fundamentales” para disminuir los índices de desnutrición, como lo son:
Fundamental
Fomentar cambios de actitudes y prácticas en madres, mujeres embarazadas, lactantes y su núcleo familiar mediante estrategias de educación de pares y entrega de alimento por capacitación.
Complemento
Se busca contribuir al combate de deficiencia de micronutrientes en niños menores de cinco años y madres embarazadas lactantes. Así como promover las redes sostenibles de protección social.
Su madre, Rosa Maribel Pérez, con 27 años de edad y dos hijos más (uno de 11 y una pequeña de un año y ocho meses), le hace frente a la vida –soltera– en Cacaopera, Morazán, un lugar remoto de El Salvador. Este municipio se encuentra en el tercer lugar de la lista del grupo muy alto de índices de desnutrición (42.8%) dentro del Mapa del Hambre 2011, que dio a conocer el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Acá, uno de cada cinco niños tiene desnutrición crónica, lo que implica que en algún momento de su desarrollo no hubo una ingesta adecuada de nutrientes, vitaminas, minerales, proteínas y se fue perpetuando, viéndose reflejado en la estatura.Ante los índices elevados, el PMA echó a andar hace tres años en los 14 departamentos del país –con socios estratégicos gubernamentales como la Secretaría de Inclusión Social (SIS), el Instituto Salvadoreño de Protección a la Niñez y la Adolescencia (ISNA) y ONG como Médicos por el Derecho a la Salud, INTERVIDA, Visión Mundial, CEPRODE y Plan Internacional –el proyecto “Nutrimos El Salvador”. En su primera fase benefició a más de 15,000 personas, entre niños y mujeres.

En su segunda fase pretende beneficiar por lo menos a 11,800 menores de cinco años y 7,600 mujeres embarazadas y en período de lactancia. La cobertura que ha sido prevista es de 36 municipios con prevalencia de desnutrición crónica superior al 29% en el país.

Por ello, Cacaopera es un vivo ejemplo de estos 36 municipios; pero, específicamente, forma parte de los siete que se encuentran en el grupo de muy alto porcentaje de desnutrición en El Salvador y tienen serios problemas en este sentido.

“La desnutrición crónica significa pérdida de posibilidades para todo El Salvador, un gasto grande en relación con el flujo del PIB; pero también es falta de productividad y posibilidades para la población. Por eso apostamos a la educación de las madres y cómo pueden nutrir a sus niños de una mejor manera”, comentó Dorte Ellehammer, representante del PMA en El Salvador.

Las raciones

En las acciones del proyecto se desarrollan sesiones educativas en salud, alimentación y nutrición; además, imparten charlas sobre el uso adecuado y almacenamiento de alimentos para que las comunidades estén mejor preparadas para enfrentar el problema.

“Lo que estamos entregando a las madres, aquí, es una ración familiar; donde va la harina fortificada con micronutrientes, que es muy importante para el crecimiento de los niños”, explicó Ellehammer durante la visita a Cacaopera.

Rosa es una de estas madres... quien ahora dice, con una sonrisa en su rostro, que sí ha visto resultados positivos en el pequeño Eliezar. “Me están sirviendo mucho las capacitaciones. Le agradezco al PMA porque no solo nos dieron alimento, sino que también nos han explicado cómo vamos a trabajar con la harina para prepararle la alimentación a los niños”, contó la madre de Eliezar, mientras carga en sus brazos a su hija Maribel Abigail, de un año y ocho meses.

En Cacaopera, las acciones de este proyecto se están realizando con el apoyo de Médicos por el Derecho a la Salud en los caseríos El Rodeo, Copante, La Presa, Naranjera, Colón y San Miguelito. Desde mayo de 2012 se han atendido a 93 mujeres, embarazadas y en período de lactancia, y 199 niños menores de cinco años.

“De dos a cinco años es para mejorar el estado nutricional, aunque la incidencia en la talla que se puede hacer no es mucha, pero siempre se hace la ayuda para que ellos puedan tener un buen desarrollo psicomotor y buen desarrollo mental”, explicó Elia Martínez, especialista en nutrición del PMA.

Para Lorenzo Canales, alcalde de Cacaopera, este proyecto “es una buena alternativa porque carecen de muchas necesidades y esto ha venido a ayudar mucho a las familias”.

Cacaopera cuenta con cerca de 8,000 habitantes; sin embargo, con las familias que no tienen documentos rondan entre los 14,000 y 15,000 habitantes. Su producción principal es la agricultura sostenible, que son granos básicos que sirven para sobrevivir en sus comunidades. De eso mismo es lo que se sostiene Rosa, la madre de Eliezar, quien tiene en su terreno cultivos de maíz, maicillo y frijol.

Según Canales, hay remesas entre un 8% y 10%, por lo que los ingresos son muy bajos en este municipio de Morazán.

Si bien Cacaopera ha sido beneficiado con el apoyo del Ministerio de Educación (MINED) con uniformes, calzado y paquetes escolares, “lo que ha venido a suplir mucho las necesidades de los estudiantes y de los padres de familia que no están invirtiendo en eso”, como aclaró el alcalde, no cuentan con el programa del Vaso de Leche, algo que ayudaría en gran manera a los 25 centros escolares de dicho municipio y, por ende, a palear los índices de desnutrición en la zona.

Además, hay cuatro ECOS en Cacaopera; sin embargo, Canales explicó que “el problema que se está dando es que se carece de medicamentos, porque se gestionan, pero a veces no llega la cantidad que se necesita”.

Según el doctor Edwin García, director de la unidad de salud de Cacaopera, la prevalencia de desnutrición en niños menores de cinco años es del 3.44%, según datos de la vigilancia sanitaria. Para ello, lo contrarrestan con antiparasitarios, micronutrientes, suplementos nutricionales y la labor educativa de los ECOS.

Educación e higiene

El problema de la desnutrición se complementa con la higiene, de la cual padecen. Ejemplo de ello es que en el Complejo Educativo Naciones Unidas –que cuenta con 1,222 estudiantes inscritos, desde parvularia hasta segundo año de bachillerato– son abastecidos con agua contaminada que llega procedente del río Torola, a causa de una planta que iba a purificar el líquido y que fue dañada desde hace siete años.

“El agua viene directamente del río (Torola). Tenemos que utilizar puriagua, que nos dan de la unidad de salud, para poderla hacer potable y que los niños puedan utilizarla”, comentó Moris Marín Martínez, director del complejo educativo.

Según datos del PMA, el 33% de las familias tienen abastecimiento de agua por cañería; el 6% por pozos o chorros públicos y el 53% por ríos, quebradas y ojos de agua, muchos de ellos, contaminados.

Las poblaciones que participan de capacitaciones en el proyecto “Nutrimos El Salvador” reciben una ración de alimentos (arroz, frijol, aceite y súper cereal) que busca complementar su dieta diaria, especialmente en el aporte de proteínas y minerales.

“La educación también tiene mucho énfasis en higiene, porque se puede dar el súper cereal y la harina fortificada a los niños hasta dos años, pero si tienen parásitos, si vive sin lavar sus manos, no va a tener ningún efecto positivo”, detalló Ellehammer.

La comprensión sobre la importancia de la buena alimentación y nutrición para un mejor desarrollo de las personas comienza a hacer efecto en Cacaopera, y por ende a dar pasos positivos para disminuir los índices de desnutrición.

“Creo que fue mío el error (en la desnutrición de Eliezar), estaba embarazada de la niña y le estaba dando leche de embarazo y creo que eso le hizo daño; pero ahora él ha aumentado el peso. Antes estaba todo enojado, a veces uno le hablaba y no le ponía atención a uno... un niño aburrido, sin ganas de jugar”, finalizó Rosa, mientras Eliezar sonreía y jugaba a esconderse detrás de uno de los palos de su casa, en el caserío El Rodeo, Cacaopera, Morazán.