El camino inglés tiene otra prolongación: un partido manda con toda la autoridad. El otro partido grande no deja vivir al Gobierno. Algo así es lo que, por lo menos hasta ahora, parece que nos hemos inventado.

El problema, sin embargo, es que, al igual que España, solo hemos podido inventar media democracia inglesa. Construimos solo lo que se refiere a los partidos políticos. Muchas veces lo que tenemos, políticamente, parece un picnic de tribus: siempre termina mal y en medio de mil pleitos y tomaduras de pelo. En eso estamos lejos de los ingleses: ni nos entendemos ni aceptamos los peores errores con toda la dimensión que eso requiera. El problema es, otras veces, que no hay partidos, sino contestatarios leales. El poder pastorea todo.

Ahora tenemos evidencias de que Tony Saca quiere romper con ese modelo inglés que hemos adoptado a la salvadoreña en asuntos de partidos políticos. A como se nos adelantan las cosas, Saca irrumpirá en medio de los dos grandes partidos, apoyado por algunas de las agrupaciones que no han contado en número ni con suficientes apoyos. Saca desafiaría y torpedearía el bipartidismo construido en la posguerra desde una trinchera inédita, empujando un liderazgo que no ha perdido, de acuerdo con las encuestas.

Otros intentaron, antes, romper con el bipartidismo. Uno de ellos fue Héctor Silva, el fallecido exalcalde de El Salvador. Silva no lo consiguió. Quizá su liderazgo no era tan potente como para desafiar a quienes guiaron la guerra civil. O talvez el vehículo electoral no era adecuado y los adinerados no le dieron los recursos que pedía. No sé qué pasó con Silva. El análisis es tarea de los historiadores políticos.

Esta vez Saca desafiará, de nuevo, al bipartidismo en condiciones diferentes: los dos partidos grandes ya han gobernado el país. Ese ejercicio desgasta más de la cuenta. El liderazgo de Saca, frente al de Silva, es, quizá, de mucho mayor músculo. El no llegar virgen a pelear por la presidencia (Saca ya gobernó una vez) también desgasta. Pero si la gente cree que el exmandatario hizo un buen gobierno, la historia puede pasarle la factura a un presente cargado de incertidumbre.

Si Saca decide lanzarse como candidato presidencial, será, sin duda, el retador más importante que tendrá el nuevo bipartidismo en toda su corta historia. Y ese reto posiblemente crecerá si Saca no se entretiene en sandeces, bagatelas o trivialidades. Pero, sobre todo, si Saca no comete errores. Los yerros se le cobran en raciones dobles a un exgobernante. Ellos son los que menos margen de error tienen en una contienda electoral.

Saca lleva algo consigo: no puede ser un profesor de ideología porque la gente ya no cree en eso ni en los atajos hacia el futuro. La gente vive el día a día y eso es lo que quiere que le arreglen. Saca tampoco puede ser un colegial de esperanzas, porque, a pesar de su corta edad, ya se le puede llamar como un veterano político. La gente sabe lo que hizo y lo que no hizo. La buena o mala nota nacerá de eso.

Saca tiene su público cautivo. Su reto es conseguir el apoyo de otro público: el de los estrenos, el del voto joven, porque quizá quienes lo vieron gobernar no se han olvidado de él. Pero otros eran casi niños cuando llevó las riendas del país. Al final, el juego electoral será siempre el mismo: o creces o te matan. Eso lo saben Saca, Quijano y Sánchez Cerén.