Hay bastante que observar en el escrito, pero lo más recalcable es la madurez de nuestro periodismo, en este caso LA PRENSA GRÁFICA, que sin remilgos dio destacado y amplio espacio a reflexiones contra el sistema de libre empresa y su exasperación, la oligarquía, de quien a ese sistema combatió a muerte.

El pensamiento del excomandante se resume en el epígrafe: “Nada inquieta más a un sistema oligárquico que perder la exclusividad del poder económico y eso es precisamente lo que está ocurriendo en nuestro país”.

O sea, pone interrogantes que precisa formularse e intentar responder: ¿qué es un sistema oligárquico?, ¿ha existido o existe en El Salvador?, ¿qué tan amenazado se siente y cómo se defiende?

Lo que sea una oligarquía viene de Aristóteles, quien buscando la Constitución perfecta examinó las de su tiempo y, al igual que Platón, distingue tres fundamentales: la monarquía o gobierno de uno solo; la aristocracia o gobierno de los mejores; y la democracia o gobierno de la multitud. Tipos a los que corresponden degeneraciones, cuando el gobierno descuida el bien común a favor del bien propio: la tiranía; la oligarquía que “tiene por objeto las ventajas de los pudientes” y la democracia que busca ventajas para los pobres (Nicolás Abbagnano, “Historia de la Filosofía”, Montaner y Simón, Barcelona, 1955, Tomo I, pág. 131).

Si se consultaran unos cuarenta libros de los publicados después del conflicto bélico, en todos se hallaría la tesis y las pruebas de que El Salvador ha estado bajo gobiernos oligárquicos. Eso puede afirmarse radicalmente de los regímenes de Osorio hacia atrás, el cual despertó conciencia del sistema, pero quiso corregirlo con bondadosos arañazos; transformados en serios golpes con el Directorio Cívico Militar, uno de cuyos miembros, el coronel Mariano Castro Morán, en su obra “Función política del ejército salvadoreño en el presente siglo”, UCA Editores, San Salvador, 1984, desenmascara la concentración de poder en pocas familias prevaleciente en nuestro medio. Testimonio de gran valor, por cuanto la oligarquía siempre vio en la Fuerza Armada el custodio de sus intereses, al que sometía por las buenas o por la plata. Así como Vargas Llosa dijo de su país: “Con diez millones de soles (moneda peruana) no hay golpe de Estado que falle”, la oligarquía salvadoreña acuñó aquello de: “No hay cuartel que resiste el cañonazo de un millón de colones”. Habría gustado decir con Dumas: “El dinero... es el único poder que nunca se discute”.

Para ver que la oligarquía se siente amenazada, basta hojear las páginas de los que alguien llamaría despectivamente “ideólogos del capitalismo”. Su odio es escorbútico contra el gobierno, que en la clasificación de Aristóteles sería una democracia “que busca ventajas para los pobres”. Y caen en el ridículo de acusar a ALBA de aprovechar empresarialmente la influencia del poder político. Como bien dice Villalobos, son burros criticando a los orejones. Son pecadores que no tienen autoridad para lanzar ya no la primera piedra, sino ni siquiera la primera arena.

Conglomerados voraces han existido siempre en El Salvador, sin que las gremiales de derecha los haya culpado de competencia desleal; o desincentivar la inversión externa o beneficiarse del poder político. Y seguirán existiendo: la oligarquía vivirá mientras aguante la República.