En El Salvador deberíamos tomar este ejemplo y hacer un esfuerzo nacional para replicarlo, pues lo necesitamos de verdad; y como una muestra que la sociedad política puede crecer ante una demanda sentida de la sociedad civil.
Como todo país, México tiene momentos oscuros y criticables, pero este esfuerzo es de aplaudir y, lo más importante, estudiar para ver cómo en El Salvador se podría construir un acuerdo similar, donde destaquemos todas las cosas y conceptos en los que estamos de acuerdo, que de seguro serán los mayores. Luego debatir sobre las diferencias superables, donde si todos ceden un poco se logrará un encuentro. Y dejar pendiente aquellas donde no hay posibilidades de llegar a un acuerdo, que serán muy pocas.

En México, al igual que en El Salvador, se busca un equilibrio y respeto entre los tres órganos del Estado, basado en una institucionalidad que se respeta, para que existan condiciones que dan estabilidad y confianza a la sociedad. Algo que en los últimos años se ha olvidado en El Salvador.

El Pacto por México comienza reconociendo que “ninguna fuerza política puede, por sí sola, imponer su propia visión ni un programa único”, por lo que para salir adelante se requieren acuerdos mayoritarios, sustentados en posiciones honestamente tomadas. Esto lo deja en claro cuando dice: “La tarea del Estado y de sus instituciones en esta circunstancia de la vida nacional debe ser someter, con los instrumentos de la ley y en un ambiente de libertad, los intereses particulares que obstruyan el interés nacional”.

Tres “ejes vectores” sustentan este Pacto: (i) “Fortalecimiento del Estado”...; (ii) “democratización de la economía y la política, así como la ampliación y aplicación eficaz de los derechos sociales”, y (iii) “la participación de los ciudadanos como actores fundamentales en el diseño, la ejecución y la evaluación de las políticas públicas”. Así buscan “impulsar un conjunto de iniciativas y reformas”, con el apoyo de todas las fuerzas políticas”, colocando “los intereses de las personas por encima de cualquier interés partidario”.

Así han construido “las bases de un nuevo acuerdo político, económico y social para impulsar el crecimiento económico que genere los empleos de calidad... y construir una sociedad de derechos que ponga fin a las prácticas clientelares, ampliando los derechos y las libertades con transversalidad y perspectiva de género, así como materializando los que ya están consagrados en la Constitución para generar bienestar para toda la población, disminuir la pobreza y la desigualdad social”.

Voluntad política, entendimiento, poner primero al país sobre los intereses particulares, de grupos o de índole política, para impulsar cambios acordados en cinco áreas: (i) construir una sociedad que respeta los derechos y las libertades; (ii) búsqueda del crecimiento económico, el empleo y la competitividad; (iii) mayores niveles de seguridad y la aplicación de la justicia; (iv) lograr mayores grados de transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción; y (v) lograr gobernabilidad democrática.

México ha dado un gran paso aleccionador para muchos países. Ahora el desafío está en que lo materialicen.

En El Salvador deberíamos tomar este ejemplo y hacer un esfuerzo nacional para replicarlo, pues lo necesitamos de verdad; y como una muestra que la sociedad política puede crecer ante una demanda sentida de la sociedad civil. Pero ¿dónde está el liderazgo? Esa es la cuestión.