El premio le fue entregado por el presidente Enrique Peña Nieto, quien dijo que cada vez que el padre de la Iglesia católica "extiende una mano a un migrante, transforma el rostro del país, al convertirlo en un México de paz, más humano, solidario e incluyente".
 
"Su labor ha contribuido a evitar que el sueño de muchos migrantes auténticamente se convierta en una pesadilla. Usted y la labor que lleva a cabo le han brindado alimento para el camino, un techo, un refugio (a los migrantes). Usted ha sido un gran samaritano", dijo Peña Nieto durante la ceremonia en la que entregó una medalla y un diploma al sacerdote.
 
A través del albergue Hermanos en el Camino que creó en el estado de Oaxaca, Solalinde, de 67 años, proporciona alimento, posada, atención médica, apoyo psicológico y orientación jurídica a migrantes en tránsito por México, que provienen principalmente de Centro- y Sudamérica.
 
Al recibir el premio, el presbítero dijo que lo dedica a las madres de los miles de migrantes desaparecidos y su equipo de colaboradores. Asimismo, aseguró que México "está mal" y que se deben juntar sinergias para que el país mejore en la protección de los derechos humanos.
 
"México está mal, hay que decirlo y ya la forma tradicional, las estructuras que teníamos ya no alcanzan. Debemos empezar a ver de otra forma, dejar nuestras parcialidades, nuestra visión de partidos, de iglesias, de grupos aislados, ya no se vale trabajar más para un sólo partido", señaló Solalinde.
 
"Yo propongo que haya una dinámica diferente, necesitamos gobernantes, como también obispos y servidores de cualquier nivel que estén cerca de la gente y que nos escuchen. No hay que tener miedo a nuestro pueblo, a nuestra gente, la disidencia es normal y más en un momento de crisis como el que vivimos. Es lógico que un país con tantos rezagos, con tanta sed de justicia, hundido en la corrupción y la impunidad, quiera cambios. Ciertamente la represión no es la solución sino el diálogo", agregó.
 
El sacerdote también pidió al gobierno y a la sociedad en general "escuchar muchos gritos de personas que están sufriendo", así como los reclamos de los jóvenes y las mujeres.
 
"Escuchar sobre todo a los jóvenes, los jóvenes se están revelando en todo el mundo y con razón porque no hay futuro para ellos. Nuestro México no va a superar la crisis y tampoco la Iglesia mientras no escuchemos a las mujeres, son ellas las que tienen los gérmenes de la paz, ellas son capaces de transformar este México", expresó.
 
Durante la ceremonia de premiación el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Raúl Plascencia, destacó la labor que realiza Solalinde no obstante a los pocos recursos que tiene y las amenazas de muerte que le han hecho, por las cuales debió salir este año unas semanas de México.
Solalinde ha denunciado que grupos del crimen organizado, corporaciones policiales y políticos quieren forzar el cierre del albergue que dirige desde 2007 porque afecta sus intereses.
 
En la región del istmo de Tehuantepec, donde se ubica la casa para migrantes, operan grupos dedicados al narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de migrantes y el tráfico de armas.
 
Los migrantes que llegan a México son víctima de este tipo de delitos, que Solalinde ha visibilizado en los últimos años por lo que se ha convertido en uno de los más representativos defensores de los derechos de los migrantes.

Además del Premio Nacional de Derechos Humanos Solalinde ha recibido varias distinciones, entre las que destacan el Premio Nacional por la Igualdad y la No Discriminación (2007); la medalla Emilio Krieger (2011), que entrega la Asociación Nacional de Abogados Democráticos, y el Premio Paz y Democracia, Derechos Humanos (2011), que entrega la fundación Pagés Llergo.
 
El Premio Nacional de Derechos Humanos es el reconocimiento que la sociedad mexicana confiere, a través de la CNDH (organismo público que investiga de manera autónoma casos de violaciones a los derechos humanos), a las personas que se han destacado en la promoción efectiva y defensa de los derechos fundamentales.