Mucho de esto no es nuevo, se dio en los períodos anteriores, pero desde el último período y en este raro de supuesta transición que estamos viviendo, el mal actuar y los montos involucrados son de muchas mayores dimensiones, mientras el herario nacional se empobrece, la deuda pública llega a niveles sin precedentes y la capacidad del país para generar ingresos se achica notablemente, la falta de inversión que provoca la inseguridad jurídica y política entre otras causas se vuelve la más notable del continente.

El panorama externo pinta mal, el deterioro fiscal en Estados Unidos y las naciones europeas son malos augurios, el panorama de Estados Unidos principalmente amenaza con disminución de remesas y de exportaciones a nuestro principal destino.

Con ese panorama poco favorable, entramos a una campaña presidencial que, como todas, llenará de más incertidumbres el panorama. La recuperación de la economía se ve imposible y se auguran fuertes ataques a la institucionalidad, probables actuaciones del bloque en el poder, que intentaría maniobrar para inclinar los resultados o cargar los dados hacia el bloque. Se infiere de la actuación del bloque que durante todo el año trató de torpedear a su más fuerte bastión, casi el único independiente, la Sala de lo Constitucional.

La incertidumbre electoral se ha venido planteando desde la elección pasada. Con Norman Quijano a la cabeza, ARENA recuperó municipios del gran San Salvador que no ganaba desde hace mucho tiempo y su partido ganó más diputados que el FMLN, muy importante para ponerse en la delantera de las preferencias electorales de 2014, con excesivo tiempo para una campaña.

El FMLN, sufriendo el desgaste de un período de gobierno con resultados muy malos, se decidió por el profesor Sánchez Cerén, del grupo duro, que se veía candidato débil, por su personalidad, su pasado y porque hasta ahora los salvadoreños nunca dieron el triunfo a un comandante de la guerra. Se especuló en ese momento que la Comisión Política prefería jugársela a perder con un duro, para no perder su hegemonía en el partido, lo que probablemente sucedería si llevaran a un moderado y este ganara la presidencia, les quitaría el partido, su fuente de poder y fondos.

Las encuestas iniciales dieron una amplísima ventaja a Quijano sobre Cerén y menos amplia, pero arriba ARENA sobre el Frente. Pronto el FMLN escogió a Óscar Ortiz, de mucha aceptación popular como alcalde de Santa Tecla, conocido por su independencia de la línea oficial para reforzar la fórmula, algunos creen que él de presidente ganaría.

Pronto salieron encuestas incluyendo al Sr. Saca, que aún no corre, preguntando por si votarían por él en segunda vuelta. ¿A cuenta de qué la pregunta tan anticipada? Porque ese escenario es lo que busca el bloque al sentirse abajo en preferencias? ¿Pulsando para tomar decisiones? ¿Influyendo a priori en el electorado?

De pronto las encuestas resultan más parejas, Quijano ha caído varios puntos, aunque aún está arriba, ARENA y el FMLN están como en un empate técnico, el Frente arriba en algunas.

Algo no cuadra. Lo lógico es que sea entre ARENA y el FMLN. Si como dicen, Saca le robaría votos a ARENA. ¿Qué pasaría si son demasiados y los deja fuera?

Hay mucho que descubrir aún, el juego inicia.