La presidenta Cristina Fernández dijo el jueves por la red social Twitter que la conversación que mantuvo días atrás con el papa Francisco en el Vaticano le llegó al corazón.
 
La mandataria difundió una serie de mensajes en los que relató el almuerzo que mantuvo con el sumo pontífice el 18 de marzo en la residencia Santa Marta, salpicado de momentos emotivos y en los que se sintió orgullosamente argentina. Fernández mantuvo en los últimos años una relación distante y fría con el ex arzobispo de Buenos Aires. La ley de matrimonio igualitario que promovió el gobierno y que fue aprobada en 2010 generó entre ellos un agrio disenso.
 
"Me había invitado a almorzar el nuevo papa. Un argentino en la silla de San Pedro... Al ingresar me invadió una tranquilidad perfecta y me sentí, por primera vez en ese lugar, más argentina que nunca", dijo Fernández.
 
La presidenta contó que el papa le dijo que tenía algo "especial" para ella que quería que preservara, tras lo cual le entregó una rosa blanca explicándole que es el símbolo de Santa Teresita del Niño Jesús.
 
"Nos sentamos a la mesa y le digo: Sabe que el día que lo eligieron en el santoral era Santa Cristina de Persia, la Sra (señora) de los Imposibles... Se sorprende", afirmó Fernández y añadió que el papa le agradeció mucho que hubiera ido al Vaticano para su entronización.
 
"Le pregunto si acaso pensó que no iba a venir. 'Y uno nunca sabe' me contesta humilde. Tiene razón... Uno siempre tiene sensaciones que te las crean de afuera hacia adentro. Hay que insistir mucho en dar de adentro de uno hacia afuera", sostuvo la mandataria.
 
Fernández recibió críticas en Argentina por haber reaccionado con frialdad a la designación de Bergoglio el día en que se dio a conocer la noticia de que había sido elegido el sucesor de Benedicto XVI. Con las horas, el gobierno argentino fue modificando su actitud distante y cuestionadora con el cardenal con temas como su supuesta complicidad con la última dictadura militar (1976-1983) para mostrarse mucho más conciliador.
 
La presidenta dijo que durante el almuerzo en Santa Marta invitó a Francisco a visitar Argentina, sin especificar si éste había respondido a la invitación. La mandataria mostró además su satisfacción porque el pontífice le hubiera hablado de las islas Malvinas, cuya soberanía reclama Argentina al Reino Unido desde 1833, y de próceres latinoamericanos como José de San Martín y Simón Bolivar.
 
"Habla de los jóvenes, dice que logramos algo que no se veía hace tiempo, que la juventud se interese por la política. Me pega en el corazón... Me habla de la trata de personas y el trabajo esclavo y le comento los avances logrados, aún falta mucho", afirmó la presidenta sobre otros de los temas sociales que trató con el cardenal argentino.
 
Fernández señaló además que el papa le comentó su gusto por la obra "Megafón o la guerra", del autor argentino Leopoldo Marechal (1900-1970). La mandataria le dijo al papa que, como al protagonista de esa obra, a la que definió como "nave insignia de una generación", "lo esperan batallas celestiales".
 
"Un papa muy lector como todo jesuita. Clásicos universales y clásicos argentinos. Porque además es un jesuita argentino", escribió la presidenta.
 
Publicada en 1970, año de la muerte de Marechal, esa obra está considerada la novela política del célebre autor argentino. Su protagonista es un joven del barrio de Villa Crespo de esta capital que alguna vez arbitró peleas en un club de boxeo. A su vez es un autodidacta que llega a la conclusión de que toda lucha es un combate subterráneo que nunca sale a la luz y que es necesario dar batalla a esos males en su propio campo.
 
Fernández también recordó en su retahíla de mensajes a su fallecido esposo y antecesor, el ex presidente Néstor Kirchner (2003-2007), con quien acudió a Roma para presenciar la entronización en 2005 de Benedicto XVI. "Cuánto tiempo. Cuántas cosas. Esta vez, en la Plaza San Pedro, él no pudo sentarse a mi lado. Cuántos sentimientos en los últimos 15 días", se emocionó la mandataria.