En el tema educativo, recuerdo siempre el ejemplo de Finlandia, considerado actualmente el país que más ha avanzado gracias a la educación. Pero su apuesta, su inversión, fue un trabajo a largo plazo.

Lo mismo ocurre ahora con la selección sub 20. Lo de estos jóvenes representa un trabajo de mediano y largo plazo. El centro del futbolista integral de FESA fue inaugurado hace siete años, bajo el liderazgo de Jorge Bahaia. Recuerdo la inauguración y recuerdo que en ese entonces también hablaban los dirigentes políticos y deportivos de la necesidad de canteras, de que los “grandes” equipo de El Salvador tuvieran ligas inferiores y que era momento de comenzar a trabajarlas. Pero nada cambió. Nada allí, solo en FESA, que armó el internado, que recibió presupuesto del gobierno, que luego el gobierno se lo retiró, que siguió reclutando en el interior del país a niños y adolescentes, que siguió educando y que ahora fortalece el trabajo bilingüe de sus jóvenes para que puedan optar a más becas de universidades estadounidenses. Ahora, no solo con la sub 20 es que se ven más frutos, pero el camino ha sido largo, una apuesta de todos los que trabajan en ese proyecto. Esos a quienes antes de la eliminatoria ya no les contestaban el teléfono, ya no les ayudaban y con los que ya no se reunían.

Decía el viernes un comentarista de radio y televisión que no es momento de discutir quién se lleva los méritos en este camino. Yo creo que sí es un buen momento. Porque hay que hacer un reconocimiento al trabajo, hay que recordar todo lo que se le ha negado al deporte infantil y juvenil en este país. Ahora es fácil sonreír para la cámara y celebrar el pase, pero este gane va más allá de esto, es decirle a las personas que en siete años no han dejado de trabajar, que tenían razón, que su apuesta valía la pena, que su trabajo iba a dar resultados y los está dando.

Probablemente usted diga que aún no hemos ganado nada. Pero estar en esa eliminatoria es un avance, como lo es este grupo. Estamos hablando de otra generación de futbolistas, más integrales, capaces de convertirse en líderes. En un video que LPG hizo durante su cobertura en Puebla, el portero Rolando Morales deja constancia de esa diferencia. “Con tanta violencia en nuestro país, creo que era hora de tener una alegría”, dijo, porque une al país. Y cuánta razón tiene.

Este paso puede significar el inicio de una nueva era para el país, para el deporte y sus jóvenes, pero falta mucho trabajo y faltan muchos recursos.

El reconocimiento es absolutamente válido para FESA. Eso sí, lo que no hay que hacer es dividir, solo sumar, como cuando decidieron incluir a 16 jugadores de FESA en la nómina de 20 que llevó “el Tuco” Alfaro. Como cuando aceptaron que FESA ayudara en las gestiones para conseguir el campamento en México. Como cuando ambos dejaron sus ideas particulares y unieron sus recursos financieros, humanos y técnicos para un solo fin: llevar lo mejor preparado a este equipo. Funcionó.

Lo que hay que reconocer es que la federación, al menos en esta ocasión, abrió las puertas a estos jugadores. Dejó de lado el protagonismo y permitió que se quedaran los que debían quedarse, los que tenían el nivel, la técnica, aunque con ello tuvieran que reconocer el trabajo de FESA.