El Salvador - Agosto 19, 2017

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Una cosa está clara en El Salvador: los padres y madres de familia están preocupados por los riesgos que corren sus hijos cuando van a la escuela, cancha, iglesia, restaurante, volcán y playa.

Bajas expectativas

El proceso electoral 2018 y 2019 está en marcha. Uno de los aspectos que llama la atención es que varios medios de comunicación (tradicionales y alternativos) están proyectando a los potenciales candidatos a alcaldes, diputados y presidentes como que si los partidos políticos no estuvieran atravesando por una crisis de credibilidad.

Reflectores ciudadanos

Lo correcto y más controlable sería que hubiera un despliegue de la autoridad en el terreno que fuera capaz de ejercer control creciente e irreversible sobre todos los actos contrarios a la ley, de cualquier índole que fueren e independientemente de quiénes los realicen, y a partir de ahí organizar el apoyo ciudadano bajo la dependencia directa de los entes institucionales que corresponden.

La inseguridad en las comunidades hace que los pobladores tiendan a organizarse para combatirla y eso genera debate

El piqueterismo ya no asusta al salvadoreño. Tiene su origen perverso en la insatisfacción social de sectores políticos que no asimilan el espíritu ni la realidad democrática y ven en la expresión callejera violenta la manifestación ideal de sus aspiraciones.

Política pública: piqueterismo

La atención del día a día la ganan tanto el desborde de la inseguridad ciudadana en el ámbito social como la conflictividad estéril en el plano político. Se trata de situaciones de índole muy diversa, que demandan replanteamientos también muy diferentes, aunque íntimamente vinculados en la cadena de los hechos concretos, que son en definitiva los que cuentan.

Lo que los salvadoreños más necesitamos en esta etapa de nuestro proceso nacional es activar energías constructivas y opciones visionarias

Un número creciente de salvadoreños siente que su calidad de vida sigue deteriorándose (inseguridad, endeudamiento, desempleo, suciedad y desánimo). El gran reto es que los conciudadanos entiendan que el odio y la retórica no deberían guiar las decisiones de los gobernantes ni las de los gobernados. Por ello, conviene aunar esfuerzos públicos y privados hacia objetivos comunes. La prioridad es revertir la descomposición social y generar empleos a nivel local, para que los salvadoreños puedan vivir en paz y progresar en sus lugares de origen.

Desacuerdo desmedido