Terceros. El Salvador se agenció el tercer lugar de la Copa Centroamericana por quinta ocasión en la historia del torneo. Desde 2003 no alcanzaba dicha posición en la competición.



Por Denni PortilloEn Twitter: @FCDenniDos cosas condicionan cualquier análisis de resultados luego de un torneo: haber tenido expectativas demasiado altas, surreales, o haber tenidos expectativas demasiado bajas, ilógicas. El Salvador llegó a la Copa Centroamericana con el cartel de comodín del grupo B, rodeado de los deseos de muchos de sufrir contundentes goleadas ante Honduras y Panamá que lo mandaran a disputar el quinto boleto a la Copa de Oro, pero regresará al país con el tercer puesto y la sensación de que no todo fue tan malo como se pensó.

En concreto, El Salvador no fue a Costa Rica a buscar el título de la Copa Centroamericana. Eso hubiera sido una expectativa demasiado alta, surreal, para un equipo que tuvo apenas un mes de trabajo. Era claro también que tampoco iba solo a sacar el compromiso y sufrir goleadas, una expectativa demasiado baja, ilógica. Iba a buscar el boleto a la Copa de Oro que se disputará en julio próximo en Estados Unidos. Desde el partido por el quinto lugar o como clasificado a semifinales, pero con boleto en mano para el torneo de CONCACAF.

Desde esa perspectiva, el objetivo se cumplió. Claro, en un torneo de siete donde clasifican cinco se consideraría inaudito no lograrlo. Obtenida la meta entonces, la evaluación no corresponde al objetivo cumplido de clasificar a la Copa de Oro, sino al camino recorrido y la manera de conseguirlo.

Sí, desde un sorteo. Pero sí también desde un sorteo al que se llegó por mostrar mejores maneras que las que se esperaban. No goleó Honduras ni Panamá y los tres partidos del grupo acabaron en empate. Avanzó la H por haber anotado más goles y como los méritos canaleros y cuscatlecos eran los mismos, el sorteo dijo que El Salvador estaba en semis y en el torneo de CONCACAF.

Y cómo se consiguieron esos dos empates: faltó gol a favor y se redujo a lo mínimo los goles en contra. Punto a favor para la selección fue que se notó orden en defensa, donde Mardoqueo y Granadino jugaron con personalidad y se dejó de lado la idea de salir con el balón a lo que saliera, al pelotazo. Aún en condiciones difíciles, la jugada se construyó desde el fondo.

En el centro, destacaron Menjívar y Cerén. Para haber jugado por primera vez juntos en la selección mayor, lucieron bien y prometen para más. Adelante, es evidente que falta más gol. Dos dianas en 360 minutos de juego son números pobres para pretender aspirar a más en el futuro en cualquier competición.

Así, un tercer lugar de un torneo donde el quinto clasificado, Panamá (5), hizo más puntos que el cuarto, Belice (4), tampoco es para echar campanas al vuelo. La selección no era el fracaso rodante que muchos le presuponían antes del torneo ni es ahora un superequipo por un tercer lugar relativo. Que tiene material para salir adelante, por ahí va una historia. Que de una vez por todas lo trabajen y no lo dejen perder es la otra.