(1) La espiritualidad cristiana es un don y una tarea: comunión con Dios (contemplación) y acción del mundo (praxis). (2) El evangelio de Jesús denuncia las estructuras y propugna por cambios sustanciales que acerquen más al ser humano con Dios.

Con esa filosofía y fe, el TAI renueva el evangelismo salvadoreño, que tradicionalmente hizo mutis de la realidad social. Con conciencia o sin ella, los líderes espirituales, en su afán de volver a una iglesia originaria, se fueron desvinculando poco a poco de la realidad política y social. Descuidando al mundo que con todo y sus imperfecciones abonadas por los hombres es una creación divina, y donde, al fin de cuentas, el Reino de Dios, la verdad, la libertad y la justicia han de ser una realidad. Este retorno a la visión original del protestantismo, que aspira por un cielo nuevo y una tierra nueva, es la que está a la base de la actitud que los cristianos evangélicos asumimos frente a los avatares de la sociedad y los procesos históricos. Sin embargo, esta actitud y esta fe de cara a la realidad no debe obnubilarnos la visión y considerar que la problemática social que como cristianos debemos atender es más importante que nuestra relación con Dios.

Obviamente, las congregaciones evangélicas y pentecostales no son todas iguales. El TAI reconoce que el evangelismo en un movimiento plural, en el cual conviven congregaciones unidas, si no por sus aspectos externos, por principios que le son comunes, entre otros: compromiso de predicar el evangelio, decisión y voluntad de vivir la fe, reconocimiento y atención a la autoridad bíblica, consideración del trabajo como una forma de agradar a Dios.

Y así como reconocemos esa pluralidad, también declaramos que el TAI es una Iglesia Bautista profundamente Pentecostal. Eso nos hace plenamente conscientes de que nuestras iglesias viven actualmente un luminoso avivamiento, que está dando esperanzas a innumerables personas necesitadas de encontrar en la palabra de Cristo la respuesta a su existencia, a sus inquietudes espirituales y a su realidad cotidiana.

El nuestro es un mundo que corre aceleradamente, como las ondas en los fríos cables de internet, hacia la sociedad de la opulencia y el consumismo desenfrenado, en donde el valor de la persona ya no es el de la creación divina, sino el de una bolsa atiborrada de dinero. Mas, por eso mismo, por esa “materialización” de la existencia, es que consideramos que las prioridades de nuestra fe, aunque arraigadas en la realidad actual, como la práctica de Jesucristo lo estuvo en la de su tiempo, están relacionadas primero y fundamentalmente con nuestra relación con la Palabra, Jesucristo y sus enseñanzas.

En procura del cumplimiento de esa misión de redención, el TAI considera que las “Prioridades fundamentales de nuestra Fe”, son: 1) “El Evangelio es anterior al dogma. 2) El seguimiento de Jesús de Nazaret, anterior a la obediencia a cualquier autoridad humana (sea clerical, jurídica o ministerial). 3) El Sermón de la Montaña anterior a cualquier derecho canónico, estatuto o la identidad denominacional. 4) La construcción del reino de Dios, más importante que la edificación de la Iglesia. 5) El poder del espíritu santo está por encima de los poderes terrenales o cualquier poder.

Nuestra relación con Jesucristo la determinan esas cinco prioridades, alrededor de las cuales los cristianos estamos llamados a reflexionar.