Si este panorama no cambia sensiblemente, nuestro futuro estará seriamente comprometido y esto no solo incluye la profundización de la pobreza y por ende el descontento social, sino el debilitamiento de nuestra incipiente democracia. Infortunadamente, no se visualiza en el horizonte un escenario político propicio para el cambio. El fundamentalismo ideológico y la prostitución misma de la política impiden acercamientos para enfrentar lo urgente, como la sostenibilidad fiscal y menos, y peor aún para configurar una estrategia compartida que potencie el desarrollo integral del país.

Sin embargo, en medio de una campaña anticipada –que se perfila cada vez más destructiva– se da un evento que para algunos puede parecer de poca importancia, pero así como están las cosas, yo al menos lo considero como una noticia alentadora. Me refiero a la decisión de una empresa estadounidense de invertir en el país un monto de $490 millones. Eventualmente la inversión podría llegar hasta los $1,300 millones, lo que sin duda dependerá de muchos factores, donde cobra relevancia especial la seguridad jurídica.

Así las cosas, y sin desvalorizar otros logros que puede haber alcanzado el presidente Funes en su reciente viaje a Estados Unidos, el proyecto tiene muchos méritos entre los cuales se pueden destacar al menos tres: el monto mismo de la inversión, el sector al cual va dirigida y la calidad de la misma. Además, con la firma del contrato de parte del presidente en representación del Estado salvadoreño se le estaría enviando a otros inversionistas potenciales señales de que el país ofrece condiciones favorables para todos aquellos dispuestos a arriesgar su capital. Y esto sugiere un mínimo de predictibilidad que a su vez es función del respeto al orden establecido, donde los otros poderes públicos tienen mucho que ver. Infortunadamente, estos no tienen, al menos en estos momentos, las credenciales mínimas para proyectar esa imagen.

Pero aludiendo brevemente a cada uno de los elementos mencionados, es preciso señalar que el monto de inversión inicial que se está manejando, superaría en casi 6 % todo el flujo del año anterior ($462.7 millones) y equivaldría, grosso modo, al 2.0 % del PIB nominal. Para la situación que vive el país en el plano económico, estos indicadores no son nada despreciables.

En segundo lugar, hay que poner en su verdadera perspectiva el hecho de que el proyecto tenga entre sus principales beneficios el ahorro de energía, con base en un sistema de Redes Sensoriales de Iluminación de Alta Tecnología, desarrollado por la empresa inversionista Sensity Systems, que entendemos es pionera en este campo. El ahorro de energía en iluminación, según ha trascendido, será impresionante y por derivación, tendrá efectos positivos muy importantes en nuestro deteriorado medio ambiente.

No menos relevante es el hecho de que se trata de inversión nueva y no de un simple cambio de propietarios, como ha ocurrido en otros casos. Hay en este particular un gran potencial para generar un valor agregado mucho más importante que cualquier otra inversión extranjera reciente. Y, por supuesto, nada tiene que ver con las inversiones que está haciendo ALBA, cuya contribución adicional a la riqueza nacional, si es que la hay, se diluye en una mezcla perversa de lo social con lo ideológico. Esto tampoco hay que obviarlo, comenzando por los 3,000 salvadoreños que, en principio, encontrarán empleo. Sin embargo, ello demanda una política gubernamental consecuente, para no deshacer con la mano izquierda lo que se ha hecho con la derecha.

*****

P. D. El transfuguismo de diputados dio la semana pasada una señal preocupante de lo que es capaz.